Todo llega

Hoy ha sido el último día de nuestro viaje.
Mañana alrededor de las 5 de la tarde (2 a.m. hora española) nos subiremos al avión que completa la vuelta al mundo. Pero antes, así es como hemos pasado este último día…

… andando por las calles de San Francisco: el Golden Gate Bridge, el Muelle de Pescadores, la Torre Coit, la calle Lombard… todos lugares emblemáticos de la ciudad, unos más conocidos mundialmente que otros.

El puente suspendido Golden Gate es sin duda el símbolo de San Francisco. Construido en 1937 y considerado una obra maestra de ingeniería, su característico color rojo y el cine lo han hecho internacionalmente famoso. El puente une los dos lados de la bahía de San Francisco, un trayecto que previamente a su construcción debía hacerse en ferry. Hoy es además una atracción turística y un agradable paseo a pie o en bici desde el que contemplar la bahía, la ciudad y la isla de Alcatraz.

El Muelle de Pescadores fue originalmente, como su nombre indica, muelle y mercado de pescadores, principalmente italianos. Con el paso del tiempo y la proliferación de restaurantes y tiendas, también este se ha convertido en lugar de visita para el turista. En uno de sus muelles hay varios barcos históricos que han sido restaurados y convertidos en museo. Solo dos estaban abiertos al público; el Balclutha y el Eureka. El primero había servido, entre otras cosas, para pescar salmón en Alaska y el segundo llevaba pasajeros, coches y hasta vagones de ferrocarril de un lado a otro de la bahía.
Después hemos llenado el estómago con el plato estrella del Muelle: el Clam Chowder, algo así como una sopa de almejas servido en un pan redondo típico.

La Coit Tower es una torre desde donde se puede ver San Francisco en 360 grados, desde otra perspectiva… e ideal para hacer fotografías. Desde ahí arriba hemos contemplado el atardecer sobre la ciudad. La torre está situada en la cima de una colina, la Telegraph Hill (Colina del Telégrafo). Fue construida gracias a una millonaria excéntrica que dejó a la ciudad de San Francisco un dineral para que erigieran un monumento a los bomberos.

Nuestra última parada de nuestro último paseo por San Francisco, y por el mundo, ha sido la calle Lombard o la “calle más tortuosa del mundo”. En realidad esta calle solo puede ostentar este título en un corto tramo en el que ocho curvas suben una pendiente de 27%. Las curvas se construyeron en 1922 precisamente para facilitar el tránsito en una pendiente de tal inclinación. Hoy es también una popular atracción turística. Diría que el 90% de los coches que hemos visto serpenteando por la calle esta noche son turistas.

En la calle Lombard nos hemos despedido de nuestra vida de viajeros. Como dice mi madre, todo llega. El final de la vuelta al mundo también.

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