De vuelta al mundo

Por Espe a las 2:41 pm el Miércoles, Mayo 16, 2007  

El retiro quedó atrás hace cinco días y ahora nos encontramos en Surat Thani, esperando nuestro tren de medianoche destino a la frontera con Malasia.

El retiro de diez días en “Suan Mokkh International”, centro dedicado especialmente a los ‘farangs’ (guiris en tailandés), ha sido una experiencia interesante que merece una entrada propia en este blog. Pero antes he de meditar lo que voy a escribir y cómo pues es una experiencia que necesita un periodo de asentamiento. Así que me voy a ir de momento al ‘antes’ y el ‘después’, no sin antes dejaros el enlace, lo que olvidé en la entrada anterior, a la página de Suan Mokkh, para quien tenga más curiosidad.

http://www.suanmokkh.org/ Por desgracia, solo en inglés

El ‘antes’ fue la isla de Koh Tao, uno de los destinos preferidos en Tailandia para aprender a bucear. De hecho, en esta isla hay más de 30 escuelas de buceo. Mi idea original había sido hacer el curso avanzado de buceo en la misma escuela en que Andy aprendió a bucear hace unos tres años.
Lo primero que hicimos al bajar del barco fue dirigirnos al centro de buceo, lo que no fue muy difícil ya que desembarcamos justo enfrente de ésta. Allí nos recibió Sandra, una chica sueca de madre chilena que resultó ser uno de los Divemasters (el primer título de buceo profesional). Nos dijo que Mark, el que había sido el profesor de Andy, había vendido su parte de la escuela y ya no vivía en Koh Tao. Aunque el único motivo de dirigirnos directamente a “Masters Divers” era la buena experiencia de Andy con Mark, reservamos plaza para las inmersiones del día siguiente. Después, nos dirigimos a nuestra cabaña en una remota playa, alejada del ruido y ajetreo de la playa principal, llamada Freedom Beach.

Después de mi primer día de buceo, decidí no hacer el curso avanzado en Koh Tao, en parte porque pensé que me venía bien tener más experiencia antes de ir un paso más allá y en parte porque la escuela no me convenció. Aunque Sandra era una excelente Divemaster (todas las inmersiones las hicimos con ella) el equipo de la escuela era deficiente. Prácticamente todos los días alguien tenía que cambiar su regulador y las únicas aletas de mi talla estaban medio rotas. Además, independientemente de mi nivel de inglés, decidí que era preferible hacer un curso de estas características en español.
A pesar de estas pegas, salimos a bucear casi todos los días y tuvimos unas inmersiones estupendas, en gran parte gracias a Sandra que nos iba señalando cuanto veía interesante e incluso nos daba alguna breve explicación en su pizarra subacuática.

En dos inmersiones tuvimos la suerte de ver una Green Turtle (Tortuga Verde), criatura que me fascinó. La primera la vimos ya en la superficie, justo en el momento en que emergíamos. La tortuga había salido a la superficie a respirar y acto seguido se lanzó a las profundidades a alimentarse en una roca. Gracias a la buena visibilidad, pudimos observarla durante un buen rato desde la superficie, simplemente manteniendo la cabeza bajo el agua.
El nombre de la isla, Koh Tao, significa Isla Tortuga, debido a que tiempo atrás las tortugas eran muy comunes en las aguas que rodean la isla. Hoy, el número de ellas se ha reducido notablemente, así que tuvimos suerte de ver dos seguidas.

Pero la mejor inmersión de todas fue la última, en un lugar de buceo llamado Chumpon. Era mi immersión número 15, que siempre recordaré como la primera en la que ví un Tiburón Ballena (Whale Shark).
El Tiburón Ballena es el pez más grande que existe (demos un repaso a las clases de biología y recordemos que la ballena no es un pez sino un mamífero). Este era un ejemplar de solo 4 metros, pues era una hembra joven, pero estos inofensivos peces gigantes pueden medir hasta 15 metros.

Acabábamos de sumergirnos y me estaba ajustando las gafas cuando Andy me tocó un hombro para llamarme la atención y apuntó justo encima de nosotros. Durante un segundo solo veía buceadores (por desgracia habíamos coincidido con un barco cargado con una veintena de buceadores) y el segundo siguiente casi me da un vuelco el corazón al ver nadando sobre nuestras cabezas al tiburón, con sus peces acompañantes sobre lomo y abdomen (rémoras, si no recuerdo mal). El tiburón no parecía estar asustado en absoluto por la cantidad de buceadores que lo seguían apuntándole con cámaras subacuáticas de todo tipo. Muy al contrario, se dió varias vueltas nadando entre todos nosotros. Sandra, Andy y yo continuamos con nuestra inmersión, apartándonos de la masa de buceadores que agobiaban al tiburón y no se fijaban donde ponían sus aletas (uno me dio una patada en la cara haciendo que casi perdiera mi regulador, y ni siquiera se enteró).
Una vez en el barco, cuando ya me había desprendido de todo el equipo y tenía el traje de neopreno por la cintura, nuestro capitán gritó: Whale Shark!. Yo no podía ver el tiburón, que nadaba a ras de la superficie, pero sí a todos los buceadores que lo seguían. Se dirigía directamente hacia nuestro barco. Inmediatamente, todos los que ya estábamos a bordo nos pusimos nuestras gafas de buceo, aletas, tubo de bucear, o lo que nos dió tiempo a coger (yo solo me puse las gafas) y nos tiramos al agua. Cuando me tiré desde el barco, me llevé una sorpresa tremenda al verme justo delante del tiburón, cara a cara, pues no había imaginado que estaba tan cerca. El tiburón pasó un buen rato nadando cerca de nuestro barco, haciendo ochos, y parecía que se encontraba muy a gusto entre los buceadores. Aunque yo no me dediqué a seguirlo, en parte porque no tenía aletas y el oleaje era fuerte, varias veces estuve muy cerca, pues se aproximaba mucho a la gente. Andy incluso pudo sacar varias fotos de su aleta izquierda, donde los puntos blancos característicos de esta especie de tiburón presentan un dibujo único en cada individuo, una especie de huella dactilar que permite identificar cada ejemplar avistado e incluirlo en una base de datos. El Tiburón Ballena es una especie en peligro, por lo que este trabajo de identificación de ejemplares cobra bastante relevancia.



El avistamiento del tiburón en nuestra última inmersión fue la perfecta despedida de Koh Tao. Esa misma noche cogimos el barco a Surat Thani, cerca de nuestro retiro en Suan Mokkh.

El ‘después’ de Suan Mokkh está en el Parque Nacional de Khao Sok, del que hemos salido hoy mismo. Se trata de un parque natural enmarcado en una de las junglas tropicales más antiguas de la Tierra.

Estamos en la estación de lluvias, así que ha llovido la mayor parte del tiempo que hemos pasado en el parque, lo que ha hecho muy dificil ver fauna salvaje. De hecho, no hemos visto ningún animal aparte de caracoles enormes, algunas mariposas y sanguijuelas. Estos últimos son seres asquerosos. A pesar de las enseñanzas de Buddha de amar a todos los animales, me cuesta siquiera tenerles aprecio a esta especie de gusano babosa que se pega a alguna parte de tu cuerpo, te provoca una pequeña incisión en la piel con sus diminutos dientes, te inyecta una substancia anticoagulante y te chupa la sangre, un volumen equivalente a varias veces el suyo propio. La buena noticia es que, una vez te han chupado la sangre, se quedan saciados para unos seis meses o más. La mala es que hay tantos, que te tocan a varios por día. El truco: subirse los calcetines por encima de los pantalones y según dicen, aunque yo no lo he probado, meterse tabaco dentro de los calcetines. Por lo visto no les gusta el olor a tabaco.


A pesar de estas criaturillas repelentes, hicimos varios trekkings y una excursión de dos días a un lago enorme dentro del parque. En realidad no es un lago natural sino una presa construida por la Compaña Eléctrica Tailandesa que, según he leído, ha tenido consecuencias muy negativas para el ecosistema del parque. Aún así esta fue nuestra base para explorar los alrededores en dos excursiones a dos cuevas cercanas, para salir en kayak e incluso para dormir. En el ‘lago’, se encuentran varias casas flotantes para alojar a los turistas que pasan allí la noche, y la verdad que es una experiencia bonita levantarse por la mañana rodeado de naturaleza y escuchando la jungla, porque aunque no es fácil ver animales salvajes, escucharlos es otra cosa. Por ejemplo, era muy normal escuchar el grito del macaco por la mañana temprano.



La primera cueva que visitamos, Namtaloo, es una cueva por la que pasa un río subterráneo. Como había llovido los últimos días, éste estaba crecido y no pudimos atravesar toda la cueva. Sin embargo, andamos, trepamos y nadamos 300 metros dentro de la cueva, en algunos lugares luchando contra la fuerte corriente del agua. Toda una aventura y una maravilla de la naturaleza que admirar.

La segunda cueva fue más fácil pero no menos bella. De hecho se llamaba la Cueva de Coral, una formación de estalagtitas y estalagmitas que parecían arrecifes de coral. Otro ejemplo de la belleza y paciencia de la naturaleza.

Por último, si algo tengo que destacar de esta excursión de dos días es la comida. En cantidad y exquisita. Además de muchos platos típicos de la cocina tailandesa, comimos pescado recién cogido por el capitán de nuestra barca, que aprovechaba cada ocasión en que nosotros hacíamos alguna ruta por tierra para pescar mientras nos esperaba.

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