7107 Islas Filipinas
De las cuales Andy y yo sólo hemos pisado cinco. Nuestro plan original, sin embargo, incluía más del doble. Fuimos demasiado ambiciosos.
Viajar en las Filipinas no es fácil, al menos para el mochilero. Nos habíamos preguntado por qué no era un destino popular para el viajero independiente y lo entendimos sobre la marcha con nuestra propia experiencia. Moverse de un lado para otro, lo que en este país normalmente quiere decir de isla en isla, requiere mucho tiempo y dinero. Las Filipinas, al menos de momento, es destino favorito para el turista de sol y playa, de hotel y restaurante y de vacaciones planificadas de antemano. Con todo, todavía nos encontramos con algunos viajeros independientes.
El encuentro más sorprendente tuvo lugar en la isla de Malapascua, donde coincidimos con un chico que había estado con nosotros en el retiro budista de Tailandia. Como abandonó unos días antes, no habíamos cruzado una sola palabra hasta el momento en que nos “reencontramos” en Filipinas. Como suele decirse, el mundo es un pañuelo.
La razón por la que digo que no es fácil viajar por las Filipinas es que las comunicaciones entre islas son precarias. Si quieres trasladarte de una isla a otra, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, la única forma es pasar por Manila. Esto alarga el viaje sobremanera, tanto si viajas en barco como en avión.
Si optas por el barco, como mínimo te cuesta llegar 12 horas desde Manila hasta las islas más cercanas. Las más lejanas están a 24 horas o más. A esto hay que añadirle lo que tardas en moverte dentro de las islas de salida y destino.
Es decir, que para ir de una isla a otra, normalmente requiere unos dos días como mínimo. Extenuante y frustrante. Por supuesto, me refiero a grupos de islas, pues otra cosa es trasladarse de la isla principal a las islas menores que la rodean.
El avión es un poco más rápido, pero de nuevo el problema es que casi siempre has de pasar por Manila. Hay muchos vuelos entrando y saliendo de la capital pero muy pocos directos entre islas. Esto significa que tienes que comprar varios vuelos y seguramente pasarte muchas horas esperando en el aeropuerto.
Luego está el precio de estos medios de transporte. Puedes encontrar buenas ofertas en vuelos, especialmente si reservas con antelación y generalmente más baratos que un billete de barco. Pero claro está, no son los precios de un billete de autobús o tren. Aparte de esto, lo que hace a las Filipinas un país caro para viajar es que está orientado a un tipo de turismo diferente, con lo que precios de alojamiento y comida son más caros que en los países donde existe un sector del turismo orientado al mochilero.
En definidas cuentas, si alguien está pensando en viajar a las Filipinas y no tiene mucho tiempo, yo le diría que elija una isla o grupo de islas cercanas y las disfrute sin perder el tiempo y el dinero en ir de un lado para otro.
Nuestro recorrido en las Filipinas fue el siguiente:
Manila
Llegada al aeropuerto internacional de Metro Manila (sí, aquí las ciudades son Metros pero aún no sé por qué) y atasco de camino a Malate, el área donde se concentra la mayoría del alojamiento barato. Larguísima búsqueda de un hostal asequible y cena en Casa Armas, el restaurante español. Ya escribí sobre esto hace muchíiiisimo tiempo.
Al día siguiente, salida en autobús hasta el puerto donde tomamos un barco hacia Puerto Galera. Llegada a nuestro destino a alguna hora de la noche. Duración del viaje: todo el día.
Puerto Galera
Situado en la isla de Mindoro, Puerto Galera es un destino popular entre los turistas, especialmente alemanes y americanos de mediana edad.
Puerto Galera es en realidad la ciudad y el puerto natural que da acceso a varias de las playas donde se concentra el turismo. Nosotros nos quedamos en la playa conocida como Sabang.
El lugar en sí es más bien feo, pero es una fealdad adquirida. En otro tiempo debió ser un bonito pueblo de pescadores rodeado de una belleza natural, desde mar a montaña. El desarrollo turístico se ha encargado aquí de destrozar esa belleza con la construcción de edificios en primera línea de playa, en su mayoría hoteles y centros de buceo, de manera que la línea de playa, casi inexistente durante la marea baja, desaparece por completo con la marea alta. Las olas entonces solo pueden chocar contra muros de cemento. Lo que afea más todavía esta playa es la cantidad de “discos” donde chicas filipinas se exhiben al turismo en busca de sexo.
Si nos quedamos aquí cinco días fue porque encontré por fin un centro de buceo donde hacer mi curso avanzado en español.
Después de recorrernos varias escuelas, y cuando ya creía que ninguna ofrecía clases en español, entramos en Southsea Divers. Al preguntar, una chica nos dijo que su jefe era americano pero se había criado en España y se fue inmediatamente a buscarlo. Al poco, un hombre de mediana edad, rubio, con el pelo recogido en una coleta, se presentaba como Sky. Este no es su verdadero nombre, solo un apodo, pero no me enteré hasta el último día de curso. Su español era bueno, pero pensé que no tanto para alguien que se había criado en España. Luego comprendí por qué.
Estuvimos hablando un buen rato sobre muchas cosas, la conversación girando en torno a España y principalmente Madrid. Nos dijo que había nacido en EEUU pero su familia se había mudado a Madrid cuando él tenía un año, debido al trabajo de su padre. No dijo a qué se dedicaba su padre y yo no se lo pregunté. Él había vivido en Madrid hasta los 16 años, tiempo durante el cual había asistido a una escuela americana. A esa edad volvió a EEUU para satisfacer la curiosidad de conocer su país de nacimiento, alimentada por sus compañeros de colegio. Como él mismo dijo, no le gustó tanto como había imaginado y cuando surgió la oportunidad se marchó a trabajar a Tailandia como buceador de soporte de otro buceador profesional. Concluido su trabajo, en el viaje de vuelta a EEUU hizo una parada en Las Filipinas, donde conoció a su mujer, y ya nunca más salió de las islas. De esto hace 25 años.
De su época en España tenía un recuerdo muy vívido. Incluso se acordaba perfectamente de las calles de Madrid. Nos hizo muchas preguntas pues no había vuelto a España desde los 16. Un día le enseñamos fotos de Madrid y los mapas de google por Internet. Se sorprendió muchísimo de lo que había cambiado. Con razón. El Madrid que recordaba él era el de la época de Franco, con desfiles del Generalísimo incluidos. En el mapa de google nos señaló con emoción la que había sido su casa, en plena plaza Cuzco, una de las mejores zonas de la capital actual.
El curso con él fue a las mil maravillas. Al estar en temporada baja, Andy y yo fuimos sus únicos clientes hasta el último día. Hice mis dos inmersiones diarias con Sky y Andy. Puesto que el curso es básicamente práctico, casi todas las inmersiones fueron en realidad inmersiones “normales”, por diversión. Así matamos dos pájaros de un tiro; Andy buceaba por bucear y yo hacía mi curso.
Una de las especialidades que escogí fue fotografía subacuática. La verdad, un peligro. El tiempo pasa tan rápido tratando de sacar lo mejor de las criaturillas marinas que como te descuides te quedas sin oxígeno. El resultado al final no fue tan malo como pensé mientras hacía las fotos bajo el agua, y es que no es nada fácil componer una foto con modelos que no paran de moverse al tiempo que controlas tu flotabilidad (no irte para arriba como un globo o para abajo como un saco de arena) y tratas de no tocar nada frágil (en el fondo del mar casi todo es frágil).
Aquí dejo una muestra de mis primeros trabajillos.
Por cierto, el buceo es lo mejor que tiene Puerto Galera. Al menos el fondo del mar conserva la belleza que le han arrebatado a la playa.
Manila
Una vez convertida en buceadora avanzada (certificación que me permite bucear a una profundidad máxima de 30 metros así como hacer inmersiones nocturnas) era el momento de seguir adelante. Nuestra siguiente parada sobre el papel era Cebu. Las visicitudes de viajar en Filipinas nos llevó a la otra parte del archipiélago, en la isla de Coron (muchísimos kilómetros al oeste de Cebu, próximamente en la página sobre Filipinas).
Después de mucho preguntar, nadie pudo decirnos cómo llegar a Cebu desde Puerto Galera directamente. La respuesta era unánime: tienes que ir a Manila. Los locales no viajan entre islas así que es inútil preguntarles. Como mucho conocen la manera de llegar a Manila. Tampoco hay información asequible y clara sobre medios de transporte, sus horarios y rutas.
Al final, no nos quedó más remedio que hacer el viaje de vuelta a Manila. Después de llegar, y de estudiar con lupa la información que habíamos podido recoger de diferentes líneas marítimas, averiguamos que en efecto sí había una manera de llegar a Cebu desde Puerto Galera. Típico.
En fin, ya estábamos en Manila y ahora debíamos buscarnos la vida para llegar a Cebu, pues no teníamos ni idea de cuándo y qué barcos salían. En el puerto, elegimos una línea marítima al azar y descubrimos que ningún barco se dirigía a Cebu pero había uno que partía en una hora hacia Coron. Así que reservamos un camarote privado (sólo había dos de estos) y nos embarcamos hacia nuestro destino improvisado. El viaje duró 12 horas.
Continuará…