Diarios de Matilda (II)
Byron Bay - Hervey Bay
día 6 a día 11
Nuestro siguiente destino era un lugar llamado Hervey Bay donde teníamos dos objetivos: visitar la única isla en el mundo cuyo suelo está compuesto únicamente de arena y salir en barco en busca de ballenas jorobadas.
La isla en cuestión se llama Fraser Island. Para ver este prodigio de la naturaleza contratamos un tour de dos días en una agencia de viajes. Solo hay una manera de moverse por una isla enteramente de arena y es en un vehículo 4×4. Como Matilda no cumplía este requisito, nuestras opciones eran, bien alquilar un todoterreno con otras 8 personas y movernos por la isla de forma independiente o bien apuntarnos a un viaje organizado y con guía. Nos pareció que ponerse de acuerdo con otras 8 personas podía ser un tanto peliagudo si no peligroso en caso de dar con algún aspirante a piloto de rallys, así que decidimos sacrificar nuestra independencia y optamos por lo segundo. Esto fue un acierto, pues con guía aprendimos mucho más sobre la isla aparte de dormir en una habitación de hotel en lugar de en una tienda de campaña. No es que de repente me volviese quisquillosa sino que se dio la circunstancia de encontrarnos en la isla los mismos días en que los termómetros marcaron una temperatura mínima que no se había dado en los últimos 10 años. Además, nuestro guía, aparte de saberlo todo sobre el lugar, era la mar de divertido.
Geológicamente, Fraser Island es una maravilla, un milagro de la naturaleza que se ha formado gracias a una combinación de varias circunstancias. A saber, unas rocas estratégicamente situadas, unas caprichosas corrientes marinas, un poco de viento, algunas olas y cambios periódicos en la temperatura terrestre. Todas estas fuerzas naturales trabajando diligentemente durante cientos de miles de años, han dado como resultado Fraser Island.
Así es como sucedió, a grandes rasgos:
Aunque he dicho que está formada únicamente de arena, esto no es del todo cierto. En la isla existe un terreno de origen volcánico que se formó hace millones de años. Al parecer, el viento, las olas y las corrientes se encargaron de arrastrar arena desde la costa este del continente en zigzag, formando así una hilera de islas arenosas a lo largo de la costa. La mayor de estas islas es Fraser Island, donde la arena se topaba con las rocas volcánicas, acumulándose y creciendo con el paso del tiempo. Hoy, la colina de origen volcánico, llamada Indian Heads, se levanta en un extremo de la isla y la arena se extiende hasta el otro extremo, 123 kilómetros al sur. Por supuesto, Fraser Island está incluida en la Lista del Patrimonio Mundial.
Durante dos días visitamos los lugares más interesantes de la isla en un autobús, vimos cómo otros turistas se quedaban atrapados en la arena con sus 4×4 y comimos a cuerpo de rey en el bufé libre del hotel. Aprendimos de nuestro guía desde la flora y fauna que la habita hasta historias sobre los aborígenes que allí vivían y los primeros hombres blancos que la pisaron, un tal Capitán Fraser y los supervivientes de su tripulación después de que su barco naufragara.
Si alguna vez os habéis preguntado si puede crecer vegetación en la arena, Fraser Island es la respuesta afirmativa. No solo crece sino que es tan variada que en la isla conviven hasta cinco tipos de bosque distintos, incluyendo bosque tropical. ¿Cómo lo hace? Explicado de una manera sencilla, la vegetación que muere y es cubierta por la arena forma un estrato de materia que sirve de nutrientes a la vegetación superior. Digamos que el suelo es una sucesión de capas de vegetación muerta y capas de arena.
El animal más famoso de la isla es el dingo, un perro salvaje del que nos advirtieron tuviésemos cuidado ya que se han conocido agresiones a turistas y asaltos a campamentos en busca de comida. No vimos ninguno.
Otra cosa que tiene Fraser Island son lagos de agua cristalina. Uno de ellos está desapareciendo poco a poco, devorado por una gran masa de arena que le va ganando terreno, aunque todavía tiene que pasar mucho tiempo hasta que venza. Otro, el McKenzie, es como la literatura y las películas dicen que deberían ser los lagos: un lago azulísimo de agua tan clara que puedes ver la arena del fondo en detalle. Nuestro guía recalcó que tiene la propiedad de rejuvenecer y dejar la piel tan lisa como la de un bebé, haciendo que el baño fuese casi obligado. Considerando la temperatura del agua, muy pocos grados sobre cero, y el frío que hacía fuera de ella junto a mi sospecha de que después de mi baño iba a ser unos minutos más vieja, decidí quedarme en la orilla.
En una ocasión, cuando ya éstabamos todos en el autobús preparados para otra excursión, subió un chico joven y nos pidió que le prestáramos atención unos minutos. Era un piloto de avioneta en busca de clientes. Ofrecía una vuelta por el aire, para mostrarnos la isla a vista de pájaro. Poco a poco, a medida que hablaba de lo único de la experiencia, algunas manos se fueron alzando. Andy y yo nos miramos con cara de ¿deberíamos?. Cuando nos decidimos sólo quedaban dos asientos libres. Con nosotros completaron dos avionetas que despegaron y aterrizaron desde la autopista de la isla, es decir, la playa de 120 kilómetros. La más larga del mundo, por si no lo había dicho.
Desde el aire la vista era impresionante. En el mar, lo primero que vimos fueron unas sombras moviéndose bajo el agua: tiburones. Entendimos entonces la prohibición de bañarse en las playa de Fraser Island. También vimos con gran claridad una manta pero la atracción principal eran las ballenas jorobadas, de las que ninguno de los pasajeros vió ninguna excepto yo: eran dos, la madre y su cría. Para cuando me volví entusiasmada hacia Andy a comunicarle mi avistamiento, el avión ya las había sobrevolado y se alejaba en sentido contrario. Desde nuestros asientos en la parte de detrás intentamos avisar al piloto para que volviera pero el ruido se ahogó nuestros gritos.
Como digo, el avistamiento de ballenas jorobadas es una atracción turística y un gran negocio pero sin duda las que salen ganando son las ballenas. Los turistas quieren ver las ballenas vivas así que, si se gana dinero enseñando las ballenas necesariamente su caza decrece. En Australia, la caza de ballenas es ilegal, de todas formas, pero en sus migraciones pasan por otras aguas en las que no lo es.
De vuelta en Hervey Bay, salimos precisamente en uno de los muchísimos barcos que se dedican a la búsqueda de ballenas. La bahía es un lugar privilegiado para este propósito, pues en su larga travesía es aquí donde las ballenas deciden parar para descansar y aparearse. Los folletos mostraban ballenas a centímetros de los barcos y saltando sobre el agua, de manera que la gente casi las podían tocar. El primer día de la temporada, la realidad no pudo estar más lejos de estas imágenes. Nos pasamos la mayor parte del tiempo intentando mantener el equilibrio en un mar revuelto y esperando a que alguien gritara: whale! Al final vimos una o más bien parte de ella: la joroba o aleta dorsal que asoma cuando nadan y de vez en cuando la cola. Nada de saltos y piruetas. Con todo, la visión de una ballena en su hábitat es una maravilla. Más aún, los delfines consiguieron que el billete valiera enteramente la pena. A estos no había que buscarlos, ¡fueron ellos los que nos encontraron! En cierto momento vimos delfines a lo lejos, saltando y nadando. Poco después, aunque no creo que fueran los mismos, ¡teníamos delfines nadando en la proa del barco! Cerca de nosotros había otro barco y los delfines pasaban alegremente de uno a otro, para nadar delante de nosotros, como queriendo llamar la atención. Si ya me caían simpáticos, después de esta demostración aumentó mi simpatía por ellos.