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	<title>Camino al Andar</title>
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		<title>Diarios de Matilda VI&#8230; y a&#250;n no ha terminado</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jul 2008 12:49:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Nota: esta entrada, y las que le siguen, las escribí antes de terminar mi viaje. El rápido desarrollo de los acontecimientos posteriores condenaron a mi diario al olvido. Ahora me gustaría recordar. Darwin marcó el punto de inflexión en nuestra &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2008/07/08/diarios-de-matilda-vi-y-aun-no-ha-terminado/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Nota: esta entrada, y las que le siguen, las escribí antes de terminar mi viaje. El rápido desarrollo de los acontecimientos posteriores condenaron a mi diario al olvido. Ahora me gustaría recordar.</strong></em></p>
<p>Darwin marcó el punto de inflexión en nuestra vuelta a Australia; una vez alcanzado el norte, solo quedaba el regreso a Sydney, esta vez atravesando el corazón del país.</p>
<p>Habíamos leído en una revista sobre un extravagante evento que tenía lugar cada año en una ciudad llamada Alice Springs, situada a unos 1500 km de Darwin en la autopista que conecta norte y sur. Los siguientes dos días a nuestra salida del parque Kakadu, se convirtieron en una carrera contrarreloj para llegar a tiempo de presenciar la &#8220;Henley On Todd Regatta&#8221;. Como su nombre indica, el evento era una regata o carrera de barcos de vela, pero con una peculiar diferencia con el resto de regatas; esta se celebraba en la cuenca de un río seco, el Hedley on Todd.</p>
<p>Después de dos días de conducción ininterrumpida, llegamos a Alice Spring la mañana del día en cuestión, justo antes del comienzo oficial de la regata con la procesión de barcos participantes. Nos perdimos ésta en favor de una ducha bien merecida y cuando llegamos al río la competición ya había empezado. Lo que vimos al llegar fue varios grupos de gente corriendo sobre la arena de la cuenca del río, cada grupo cargaba con una pequeña bañera con persona dentro incluida. Estaban en plena carrera.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4032.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4051.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>El resto del día transcurrió entre competiciones de barcos con &#8220;patas&#8221;, gente remando en la arena, carreras en esquíes, y toda clase de pruebas &#8220;acuáticas&#8221;. La fiesta terminó con una batalla naval.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4166.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4175.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Nuestra siguiente parada era, literalmente, una enorme roca roja en pleno desierto.</p>
<p>El primer hombre no aborígen en toparse con la roca fue el explorador Ernest Giles, quien solo la pudo ver a distancia. Más tarde, el topógrafo William Gosse la visitó y le dió el nombre de Ayers Rock.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4331.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Sin embargo, este había sido el hogar de un pueblo aborígen (Anangu) desde miles de años antes de que un europeo se topara con ella y su nombre era, y sigue siendo, Uluru. Aunque los habitantes tradicionales de Uluru ya no habitan la roca, ellos siguen siendo los propietarios de estas tierras, solo después de que los colonos se las arrebataran y el gobierno australiano se las devolvieran en 1985, con una condición: los aborígenes serían los propietarios legales pero estos arrendarían las tierras al gobierno para su administración y explotación turística por un periodo de 99 años. De esta manera, los responsables del parque no pueden tomar decisiones sobre el lugar sin consultar antes a sus propietarios tradicionales.</p>
<p>La cultura de los pueblos aborígenes se caracteriza por ser una de estrecha relación con la naturaleza. Su percepción de ellos mismos en su entorno es de pertenencia al mismo en oposición al de propietarios del entorno. De ahí se derivan ciertos tabús referentes a su hábitat, que abundan en su cultura. En Uluru, en concreto, había ciertos lugares sagrados en los que estaba prohibído sacar fotografías, filmar o incluso mirar. Había sitios específicos en la roca, como cuevas, donde el acceso estaba prohibído o donde los hombres no podían mirar cuando pasaban cerca por ser lugares restringidos a las mujeres, donde éstas desarrollaban sus actividades diarias cuando vivían allí.</p>
<p>Aunque subir a la cima de la montaña está permitido a los turistas, los aborígenes prefieren que no lo hagan y piden a estos que respeten esta petición. En primer lugar porque es un lugar sagrado para ellos y, en segundo, porque la escalada es peligrosa y si sucede algún accidente ellos, como parte de este lugar, se sienten responsables. A pesar de este deseo, expresado en el parque a través de carteles y de sus &#8220;rangers&#8221; (los cuidadores), cada día multitud de personas hacen oídos sordos y suben hasta la cima. Y los accidentes y muertes ocurren. Como medida de prevención de accidentes, la escalada está prohibída en días demasiado calurosos, con lluvia o viento. Pero aún en condiciones climáticas ideales, resbalar en la roca es fácil.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4443.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Los aborígienes de estas tierras ya no viven en el lugar pero todavía hoy celebran allí ciertas ceremonias como lo hacían tradicionalmente. Cuando esto sucede, el parque está cerrado al público.</p>
<p>Uluru es la roca más famosa del parque pero no la única. Cerca de ésta &#8220;crece&#8221; un grupo de rocas que parecen cabezas de gigantes (de hecho, este es el significado de su nombre aborígen) del mismo color que Uluru y mismos orígenes. Su nombre inglés es &#8220;The Olgas&#8221;, su nombre de siempre &#8220;Kata Tjuta&#8221;</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4737.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Ambas formaciones geológicas son mundialmente conocidas por su color, especialmente al atardecer cuando éste se intensifica hasta un rojo sangriento. Los amaneceres y atardeceres son la visión más popular del parque y una buena oportunidad para la fotografía.<br />
En Uluru contemplamos dos atardeceres. El primer día vimos una hermosa luna llena salir tras la roca, que no esperábamos, lo que le dio a Andy la idea de sacar una secuencia de fotos de la salida de la luna al día siguiente.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4521.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>En el segundo atardecer lo teníamos todo preparado para la sesión fotográfica pero la luna se volvió tímida. Pasó la hora en la que el día anterior se había asomado tras Uluru y luego subido lentamente hasta mostrarse completa&#8230; pero nada pasaba. El tiempo pasaba, el sol se había puesto y el cielo estaba extrañamente oscuro&#8230; pero nada pasaba. Estábamos cansados, hacía frío y pensábamos marcharnos&#8230; cuando algo ocurrió. Primero un débil resplandor de luz sobre la cima de Uluru, después una esfera blanquecina en sombras se alzaba sobre el cielo estrellado. Una luna inusual, transformada, disfrazada&#8230; ¡una luna eclipsada! La casualidad quiso que estuviéramos contemplando el atardecer en Uluru la noche de un eclipse parcial de luna y ¡preparados para tomar fotos! El espectáculo que nos ofreció la naturaleza esa noche fue único, un momento especial para atesorar.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_4527.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/SIMG_0792.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Al día siguiente conocimos a un chico de Singapur aficionado a la fotografía que había ido a Uluru expresamente con ocasión del eclipse. Tenía planeado su viaje a Australia desde hacía meses.</p>
<p>Relativamente cerca a Uluru y Kata Tjuta, en Australia &#8220;cerca&#8221; toma una nueva dimensión, se encuentra un cañón llamado Kings Canyon. Allí hicimos dos caminatas; una corta guiada por un ranger, donde conocimos a una pareja de biólogos, él catalán y ella alicantina (residentes en Valencia); y otra larga, donde nos dió tiempo a conocer a mucha gente por el camino. Esta caminata fue extenuante, sobre todo en su tramo inicial donde la escalada es bastante empindada pero el esfuerzo valió la pena.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/SIMG_0981.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Dejando atrás las maravillas naturales del corazón de Australia, condujimos hacia el sur para visitar otro remoto lugar que no atrae precisamente por su belleza pero que es definitivamente atractivo. El lugar se llama Cober Peddy, conocido como la capital mundial del ópalo&#8230; y del polvo, añadiría yo. Muchos de vosotros habéis visitado Cober Peddy a través de la pantalla, si habéis visto alguna de las películas que se han rodado aquí. Una de ellas es Mad Max III, con lo que ya os hacéis una idea de cómo es el lugar. Posiblemente este lugar del mundo es lo más parecido a la idea colectiva que tenemos de nuestro planeta Tierra tras un holocausto. Polvoriento, árido, inclemente, reúne todos los requisitos para ser inhabitable. El sol azota con tal fuerza que la mayoría de viviendas, así como algunas tiendas, hostales, restaurantes e iglesias, están construidas bajo tierra, en cavernas. Por el mismo motivo, los uniformes escolares de los niños incluyen un sombrero de ala ancha que están obligados a llevar en todo momento fuera de las clases. En los meses de verano (de noviembre a marzo) las temperaturas pueden oscilar entre los 35° C y 45° C en la sombra, con ocasionales tormentas de arena.<br />
Además, no hay una fuente de agua dulce en kilómetros a la redonda. El agua potable es bombeada desde las profundidades de la tierra.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_5185.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_5188.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>Y sin embargo, Cobber Peddy es una ciudad de casi 2000 habitantes (según el censo de 2006). ¿Por qué? La respuesta está, una vez más, bajo tierra. Cobber Peddy es el mayor productor de ópalos en Australia y, por ende, del mundo. El ópalo es la única razón de existir de esta ciudad.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_5260.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
<p>En esta polvorienta ciudad, a parte de respirar mucho polvo, insisto, visitamos una de las minas reconvertidas a museo. Ahí aprendimos cómo era la dura vida del minero de tiempo atrás, que llegaba a este remoto lugar con la esperanza de encontrar la piedra que le hiciera rico de por vida. El sueño del ópalo.</p>
<p>Todavía hoy muchos llegan a este lugar con el mismo sueño desde diferentes partes del mundo, lo que resulta en una población culturalmente variada y unas tierras totalmente agujereadas.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_5168.JPG&amp;thumb=0" alt="" /></p>
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		<title>Bienvenida a casa</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Dec 2007 22:14:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Anoche llegué a casa. A mi primera casa, en Alacuás. Madre, padre, hermana y cuñado me esperaban en el aeropuerto, y en casa, una botella de cava y el famoso bizcocho de mi madre esperaban sobre la mesa para celebrar &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/12/14/bienvenida-a-casa/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anoche llegué a casa. A mi primera casa, en Alacuás.<br />
Madre, padre, hermana y cuñado me esperaban en el aeropuerto, y en casa, una botella de cava y el famoso bizcocho de mi madre esperaban sobre la mesa para celebrar mi llegada. A pesar del cansancio de varios días sin dormir bien a consecuencia del &#8220;jet lag&#8221;, me reanimé lo suficiente para contar anécdotas del viaje y responder a las preguntas que surgían de la lectura de este blog. En estos momentos es cuando este diario electrónico demuestra su utilidad. En lugar de un año en blanco, familia y amigos ya conocen en gran parte mis mundanas aventuras, lo que hace infinitamente más fácil y amena la respuesta al &#8220;cuéntanos&#8221; posterior a un viaje. Además, el haber enseñado aquí una selección de mis fotos a lo largo del año, alivia la sed de imágenes de los que se quedan&#8230; y su posterior aburrimiento durante la interminable exhibición fotográfica. He tomado más de 10.000 imágenes digitales (recordad que solo tuve cámara digital tras mi visita a Singapur, allá por el mes de junio) las cuales, pobre de mí, tengo que revisar para seleccionar, borrar, editar, organizar y quizás imprimir.  </p>
<p>Sin embargo hay partes del mundo que todavía no he revelado en este blog, semanas e incluso meses no vividos aquí, experiencias por recordar. Mi viaje ha terminado físicamente pero en caminoalandar el camino continúa, aunque sea a saltos, adelante y atrás en tiempo y espacio. Continúo viajando por Australia, atravesando sus desértico interior antes de vender a Matilda. He de llegar a Nueva Zelanda para descubrir montañas, lagos, fiordos, glaciares, pingüinos, leones marinos&#8230;, y nuevos amigos. Luego están las Islas Cook, donde llegamos con la estación de lluvias y aún así tuve una de las mejores experiencias de navegación en mi corta vida de navegante, gracias a una nueva amiga; Amanda. Por último California, donde me encontraba tan solo la semana pasada y que me parece ya tan lejana&#8230;<br />
Llevar este blog al día durante el viaje no ha sido posible, como ya he demostrado con lo caótico de mis entradas, pero aún tengo viaje en el tintero. Y aunque a mi familia cercana ya les puedo contar mis aventurillas en persona, aún hay amigos que espero sigan este blog, los que quedaron cuando me fui y los que conocí dando la vuelta al mundo. </p>
<p>De momento lo dejo aquí, en Valencia, tras una brevísima estancia en Londres. Allí llegamos exhaustos tras un vuelo de 10 horas en el que apenas dormimos, hace solo 4 días. El día de nuestra partida tomamos una foto en la cocina de los padres de Andy. Otra foto en el mismo sitio era testigo de nuestra llegada. Creo que no es necesario decir cuál es cuál, los pelos y barba de Andy ya se encargan. La cocina se convirtió en orígen y fin de nuestro viaje. Partimos hacia el este, siempre siguiendo al sol y de repente nos encontramos de nuevo en la cocina, que no se ha movido ¿o sí?</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Europa/DSC09918.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Europa/IMG_8065.jpg&#038;thumb=0"></p>
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		<title>Todo llega</title>
		<link>http://www.caminoalandar.es/2007/12/09/todo-llega/</link>
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		<pubDate>Sun, 09 Dec 2007 10:11:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Hoy ha sido el último día de nuestro viaje. Mañana alrededor de las 5 de la tarde (2 a.m. hora española) nos subiremos al avión que completa la vuelta al mundo. Pero antes, así es como hemos pasado este último &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/12/09/todo-llega/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy ha sido el último día de nuestro viaje.<br />
Mañana alrededor de las 5 de la tarde (2 a.m. hora española) nos subiremos al avión que completa la vuelta al mundo. Pero antes, así es como hemos pasado este último día&#8230;</p>
<p>&#8230; andando por las calles de San Francisco: el Golden Gate Bridge, el Muelle de Pescadores, la Torre Coit, la calle Lombard&#8230; todos lugares emblemáticos de la ciudad, unos más conocidos mundialmente que otros. </p>
<p>El puente suspendido Golden Gate es sin duda el símbolo de San Francisco. Construido en 1937 y considerado una obra maestra de ingeniería, su característico color rojo y el cine lo han hecho internacionalmente famoso. El puente une los dos lados de la bahía de San Francisco, un trayecto que previamente a su construcción debía hacerse en ferry. Hoy es además una atracción turística y un agradable paseo a pie o en bici desde el que contemplar la bahía, la ciudad y la isla de Alcatraz. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0279.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0418.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>El Muelle de Pescadores fue originalmente, como su nombre indica, muelle y mercado de pescadores, principalmente italianos. Con el paso del tiempo y la proliferación de restaurantes y tiendas, también este se ha convertido en lugar de visita para el turista. En uno de sus muelles hay varios barcos históricos que han sido restaurados y convertidos en museo. Solo dos estaban abiertos al público; el Balclutha y el Eureka. El primero había servido, entre otras cosas, para pescar salmón en Alaska y el segundo llevaba pasajeros, coches y hasta vagones de ferrocarril de un lado a otro de la bahía.<br />
Después hemos llenado el estómago con el plato estrella del Muelle: el Clam Chowder, algo así como una sopa de almejas servido en un pan redondo típico.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0430.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0436.JPG&#038;thumb=0"> </p>
<p>La Coit Tower es una torre desde donde se puede ver San Francisco en 360 grados, desde otra perspectiva&#8230; e ideal para hacer fotografías. Desde ahí arriba hemos contemplado el atardecer sobre la ciudad. La torre está situada en la cima de una colina, la Telegraph Hill (Colina del Telégrafo). Fue construida gracias a una millonaria excéntrica que dejó a la ciudad de San Francisco un dineral para que erigieran un monumento a los bomberos.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0491.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0533.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0560.JPG&#038;thumb=0">  </p>
<p>Nuestra última parada de nuestro último paseo por San Francisco, y por el mundo, ha sido la calle Lombard o la &#8220;calle más tortuosa del mundo&#8221;. En realidad esta calle solo puede ostentar este título en un corto tramo en el que ocho curvas suben una pendiente de 27%. Las curvas se construyeron en 1922 precisamente para facilitar el tránsito en una pendiente de tal inclinación. Hoy es también una popular atracción turística. Diría que el 90% de los coches que hemos visto serpenteando por la calle esta noche son turistas. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0576.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=EEUU/IMG_0584.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>En la calle Lombard nos hemos despedido de nuestra vida de viajeros. Como dice mi madre, todo llega. El final de la vuelta al mundo también.</p>
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		<title>De nuestros dÃ­as en Fiyi</title>
		<link>http://www.caminoalandar.es/2007/11/27/de-nuestros-dias-en-fiyi/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Nov 2007 22:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cuando se viaja por el mundo durante un año con un presupuesto fijo, hay que echar mano de todos los trucos imaginables para ahorrar. Sobre todo cuando estás en el mes número once. He aquí uno: en trayectos largos de &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/11/27/de-nuestros-dias-en-fiyi/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando se viaja por el mundo durante un año con un presupuesto fijo, hay que echar mano de todos los trucos imaginables para ahorrar. Sobre todo cuando estás en el mes número once. He aquí uno: en trayectos largos de unas 8 horas o más, viajar por la noche permite ahorrar por partida doble, en dinero y en horas de luz.<br />
El trayecto de Suva, en la isla Viti Levu, a la isla Taveuni iba a ser de unas 16 horas. Así pues, teníamos un día entero que matar en la capital antes de embarcar a las 7 de la tarde. Tiempo que empleamos en cuestiones prácticas y en deambular por dos mercados: el local de productos alimenticios y el de artesanía fiyiana para turistas.<br />
En el primero curioseamos entre los puestos, sobre todo los que vendían la raíz para preparar Kava, tanto entera como en polvo, los medios cocos o bilos para beber y los pañuelos para preparar el brevaje. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_8906.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>En el segundo curioseamos entre las pequeñas tiendas vendiendo virtualmente lo mismo. No teníamos dinero para gastar en artesanía pero siempre es interesante echar un vistazo. La mayoría de los artefactos en venta eran figuras de decoración, cuencos y máscaras echas de madera. Pero lo que más me llamó la atención fueron unos utensilios, también de madera con bonitos tallados e incrustraciones de conchas de mar, parecidos a aquellos encontrados en cocinas, pero de proporciones demasiado grandes. Algunos eran armas y otros eran, en efecto, utensilios de cocina&#8230; ¡para comer personas! Recuerdos decorativos del pasado canibalismo en las Fiyi. El simpático tendero nos fue explicando para qué servía cada uno y nos tranquilizó con una sonrisa: &#8220;ahora somos pacíficos, no nos comemos a nadie.&#8221; &#8220;¡Menos mal! pensé mientras observaba el tenedor gigante especial para comer sesos humanos.    </p>
<p>Una vez llegamos a Taveuni, por si no habíamos tenido suficientes horas de viaje, nos subimos a un destartalado autobús para llegar al pueblo más alejado de la isla: Lavena.<br />
Todo viajero que llega a este remoto lugar, no se va sin hacer el paseo por la costa hasta unas cascadas donde te puedes dar un baño y, si eres un poco atrevido, deslizarte por la cascada pequeña como en un tobogán y, si eres más atrevido todavía, saltar desde la cascada grande, a una altura de 13 metros.<br />
Andy, Natalie y yo éramos las únicas personas en las cascadas, así que nos dimos un baño y, como no sabíamos como funcionaban las &#8220;atracciones acuáticas&#8221;, salimos del agua sin probarlas. Pocos minutos después apareció Simone, un simpático guía fiyiano que habíamos conocido el día anterior en el hostal, con su grupo de turistas del día. Aprovechando la ocasión, Natalie se fue con ellos para jugar en las cascadas. Andy y yo, perezosos de volver al agua (el día estaba nublado y teníamos frío) nos quedamos observando en las rocas. Poco después veíamos a Simone saltando desde la cascada grande. Después de algunos saltos más de Simone, nos dimos cuenta que había alguien más arriba, como considerando si lanzarse o no, una figura conocida&#8230; ¡Natalie! Finalmente saltó y Andy se las arregló para tomarle una foto en pleno vuelo.<br />
Después se desencadenó una tormenta tropical y tuvimos que volver al pueblo bajo un manto de agua. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_6625.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9029.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Dos horas de trayecto a lo largo de la costa en otro destartalado autobús lleno de locales (me pasé el viaje hablando con un fiyiano que chapurreaba algunas frases en español), nos devolvió a la ciudad en la que habíamos desembarcado, Somosomo, el centro económico de la isla. Allí volvimos a bucear y celebramos Diwali con los locales. Diwali es la fiesta de la luz, la festividad religiosa más importante en India y en las comunidades indias fuera de su país de origen.<br />
La población en las islas está compuesta principalmente por fiyianos nativos e indo-fiyianos. La presencia de indios en Fiyi se remonta a la época colonial británica cuando un gran número de indios fueron transportados a Fiyi para trabajar en los campos de azúcar.<br />
Aunque solo la población indo-fiyiana celebra Diwali, el 9 de noviembre es fiesta nacional en todo el país. Esperábamos entender un poco más el significado de Diwali participando en la festividad tanto como nuestra condición de turistas nos permitiera. Resultó que, como nos dijo el dueño de la casa de huéspedes donde nos alojábamos, las celebraciones tenían lugar en la intimidad familiar. Así, sin entender el real significado de lo que estábamos celebrando, nos limitamos a unirnos a la diversión de los fuegos artificiales por la noche. Antes de dirigirnos al centro de la ciudad, nuestro anfitrión de la casa de huéspedes nos dió una grata sorpresa invitándonos a tomar algunos dulces y comida típica que preparan en este día tan especial para ellos.  </p>
<p>En el pueblo, la calle principal estaba tomada por los niños, bien provistos de petardos, bengalas y fuegos artificiales variados. A veces, con dos bandos a ambos lados de la calle lanzando cohetes al lado contrario, parecía que estaban en medio de una batalla. Nosotros, provistos de nuestro propio arsenal, nos divertimos como niños aunque manipulando nuestro armamento más temerosamente que los chavales locales.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9093.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9105.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_6762.JPG&#038;thumb=0">       </p>
<p>Nuestro último día en la isla Taveuni lo dedicamos a dos atracciones que no podíamos perdernos: un tobogán natural en unas cascadas y la línea internacional del cambio de fecha.</p>
<p>Las cascadas constituían una serie de caídas de poca altura de manera que una sección formaba un tobogán natural. La guía advertía de la peligrosidad de lanzarse por el tobogán después de abundante lluvia, por lo que recomendaba esperar a ver qué hacían los locales. Cuando llegamos no había nadie pero, poco a poco, a veces sin saber de donde habían salido, el lugar se fue llenando de chavales. Pronto empezó la diversión y, para nuestra sorpresa, observamos cómo se deslizaban por las rocas de pie, como si lo hicieran en un monopatín. Otra de sus diversiones consistía en saltar desde unas rocas a la piscina formada al final de la sección que sirve de tobogán.<br />
La facilidad y seguridad con la que los niños se movían por las rocas resbaladizas, entre otras cosas, era increíble. Para ellos, que crecen en estrecha relación con la naturaleza, integrados con su entorno, esto es lo normal. Cuando observan al tembloroso e inseguro occidental fuera de sus calles asfaltadas, en su expresión se advierte una mezcla de incredulidad y diversión.<br />
Por supuesto, nosotros probamos el tobogán al estilo occidental, deslizándonos con el trasero y ayudándonos con las manos. Pura diversión, mejor que un parque acuático y además gratis. El único precio a pagar es alguna que otra moradura aunque me parece que solo pagan los turistas. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9185.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9202.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>La segunda atracción era la línea del cambio de fecha, la cual solo existe en mundos redondos como el nuestro. Si uno se queda entre las dos líneas que delimitan una franja horaria, no debe preocuparse mucho de las consecuencias de la ambición humana por aprehender el tiempo. Pero cuando uno cruza las líneas&#8230; empiezan a pasar cosas raras.<br />
En mi caso, no deja de fascinarme el hecho de que a lo largo de nuestro viaje hemos ido perdiendo horas por el camino, como por arte de magia. Una especie de peaje a pagar cada vez que cruzamos una línea, reembolsable a mitad de trayecto, como premio a haber llegado hasta allí. Esta mitad de camino se encuentra exactamente en un lugar de la isla Taveuni, partiéndola en dos trozos de tierra situadas en dos días diferentes. Un trozo vive en el ayer y otro en el mañana, desde el punto de vista del trozo de al lado. Y si te pones en medio, a pesar de esta discontinuidad espacio-temporal, milagrosamente no te desintegras. El lugar en que está marcado el cambio de día no es más que un mapa de la isla partido en dos en medio de un campo, con una iglesia en frente (donde seguro celebran el servicio en días diferentes).<br />
La foto delante del mapa es inevitable. </p>
<p>Ahora bien, oficialmente y por cuestiones prácticas obvias, la línea divisoria del tiempo esquiva Fiyi, y algunas islas más, pasando únicamente por el océano.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9281.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9290.JPG&#038;thumb=0"> </p>
<p>De vuelta en la isla grande, Viti Levu, solo nos quedaba una semana de estancia en Fiyi antes de volar a las islas Cook. No tuvimos que pensar mucho en cómo ocuparla; antes de llegar a Fiyi habíamos incluido en nuestros planes una actividad, quizás la única planeada en todo el viaje: bucear con tiburones. Esto lo dejamos para el final. Antes nos fuimos a una islita paradisíaca donde los únicos habitantes son los fiyianos que se encargan del único alojamiento en la isla y cuya costa se puede andar en 15 minuto, llamada Caqalai.</p>
<p>En Caqalai pasamos tres días relajados haciendo snorkeling (buceo con tubo) y conociendo a otros viajeros, gente de Inglaterra, Canadá, Alemania, Holanda y Suecia (de todos estos países había al menos un par mientras, una vez más, yo conformaba la minoría española compuesta por un individuo).<br />
En una isla pequeña, prácticamente desierta, donde todos compartimos casa y mesa, las relaciones sociales se estrechan en menos tiempo y uno no tarda en sentirse parte de una especie de familia de &#8220;Robinsones&#8221;. Si hubiéramos llegado antes, habríamos participado en la construcción de una barca estilo Robinson Crusoe en la que un grupo de &#8220;náufragos&#8221; anglo-germano-canadiense más veterano había estado trabajando durante dos días. Llegamos a tiempo para verlos partir&#8230; y prácticamente hundirse.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_6929.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Los fiyianos que viven en la isla eran un grupo de gente feliz, con un estilo de vida sencillo y libre de las presiones del mundo moderno. La música forma parte de su vida cotidiana, otro ingrediente de felicidad.<br />
A nuestra llegada, mientras nos aproximábamos a la isla en una barquita, en la playa nos recibía un dúo de guitarra y voz. Cada noche mientras cenábamos, un grupo tocaba y cantaba. Y el día que nos fuimos, nos despidieron con su música&#8230; y una flor.<br />
Las flores también son importantes en la vida fiyiana. Las hay por todas partes, de las más exóticas formas y colores, tanto como para no poder resistirse incorporarla al atuendo diario y dotarlas de simbolismo. Una flor en la oreja izquierda de un fiyiano, hombre o mujer, significa que está comprometido o casado. La flor en la oreja derecha grita soltero y sin compromiso. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9394.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9442.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Nuestra última noche en la isla, en lugar de las canciones y ceremonia de Kava (que en Caqalai nuestros anfitriones celebraban de manera más formal) habituales, nos propusieron unos juegos. El primero era el conocido mundialmente del corro de sillas alrededor del cual los participantes bailan al son de una música que para de vez en cuando, momento en que has de sentarte inmediatamente para no quedarte sin silla. Andy lo hizo bien, lo eliminaron cuando solo quedaban tres participantes. Pero yo lo hice mejor: gané y como premio me llevé una cerveza de Fiyi.<br />
En el segundo juego debíamos bailar en pareja y quedarnos quietos como estatuas al parar la música. Si el juez veía a alguien moverse, eliminaba a esa pareja. Esta vez no lo hicimos tan bien; Andy y yo fuimos la segunda pareja eliminada. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9397.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9408.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>En Pacific Harbour, el buceo más popular es una inmersión doble en que bajas al fondo, en la primera hasta unos 26 metros y en la segunda hasta 18, y te quedas quietecito detrás de una cuerda mientras unos fiyianos alimentan a los tiburones y otros peces grandes que se acerquen por allí.<br />
La cosa consiste en lo siguiente: el buceador que los alimenta baja con un contenedor lleno de cabezas y restos de peces muertos y se sitúa delante de la cuerda, un grupo de buceadores-guardianes toma posiciones a los lados, cerca de la cuerda, y por encima de las cabezas de los turistas, empuñando una especie de pinchos por si hay que espantar a algún tiburón, y los buceadores-mirones (nosotros, en total unas 25 personas) se quedan detrás de la cuerda mirando, tomando fotos o grabando vídeos, o todo a la vez.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9454.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>La primera inmersión fue desconcertante y algo decepcionante para mi. Lo primero porque tan pronto el buceador abre el contenedor, lo rodea tal número de peces de todos los tamaños que es casi imposible distinguirlos, tan solo se ve un frenesí de formas nadando alrededor del buceador que los alimenta. Lo segundo porque, si yo pensaba que iba a estar lleno de tiburones de varias especies, tuve que conformarme con uno solo: un nurse shark (traducido literalmente tiburón enfermera.)<br />
La segunda inmersión fue mejor, contradictoriamente pues suponía que había más tiburones a mayor profundidad. Estábamos mejor situados y hubo más tiburones de diferentes especies, entre ellos el lemon shark (tiburón limón) de la foto.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_9468-1.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Las estrellas de la inmersión es el tiger shark (tiburón tigre) y el bull shark (tiburón toro), porque son los más grandes, más raros de ver y supuestamente los más peligrosos de los que habitan esas aguas. Aunque nos habían advertido que no era la temporada, por lo visto hubo un grupo de seis tiburones toro al final de nuestra segunda inmersión, cuando ya subíamos, que ¡no vi! Para mi consuelo (de tontos) ni Andy ni Natalie los vieron tampoco.<br />
En la tienda de buceo vendían una curiosa camiseta que bien pudiera haber sido el recuerdo de esta última imagen de un grupo de bull sharks detrás de los buceadores emergentes. El dibujo representaba un buceador-torero sujetando una capa roja enfrente de un tiburón toro y alrededor una frase decía: &#8220;I survived the bull shark run&#8221; (&#8220;He sobrevivido el encierro del tiburón toro.&#8221;) </p>
<p>Aunque haya mencionado que los tiger shark y los bull shark son los más peligrosos, lo cierto es que ningún tiburón ataca al ser humano deliberadamente. Si lo hacen es normalmente por equivocación o por provocación. El lemon shark de la foto pasó varias veces a menos de un metro delante de nosotros sin que mostrara el más mínimo interés pero si algún buceador hubiera estirado el brazo para acercar su cámara, por ejemplo, bien hubiera podido captar su atención y acabar sin cámara y sin brazo. Para el tiburón un brazo alargado significa que le están dando de comer.  </p>
<p>Esta visita al fondo del océano Pacífico fue la guinda final a nuestra estancia en Fiyi, esas gotitas de tierra tan acogedoras. </p>
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		<title>Bienvenidas a Fiyi</title>
		<link>http://www.caminoalandar.es/2007/11/17/bienvenidas-a-fiyi/</link>
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		<pubDate>Sat, 17 Nov 2007 04:27:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El sábado 3 de noviembre dimos un saltito adelante en nuestro viaje alrededor del mundo, esta vez de Auckland (Nueva Zelanda) a Nadi (Islas Fiyi). Desde el primer momento en que puse el pie fuera del avión, supe que este &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/11/17/bienvenidas-a-fiyi/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado 3 de noviembre dimos un saltito adelante en nuestro viaje alrededor del mundo, esta vez de Auckland (Nueva Zelanda) a Nadi (Islas Fiyi). </p>
<p>Desde el primer momento en que puse el pie fuera del avión, supe que este grupo de islas bajo la denominación común &#8220;Fiyi&#8221; iba a ser una gota de tierra en medio del Pacífico muy acogedora. Allí mismo, a la puerta del avión, un grupo de fiyianos nos daba la bienvenida con una amplia sonrisa y la primera palabra a incorporar en mi vocabulario fiyiano (que a día de hoy cuenta con dos entradas): Bula! El saludo fijeano. Después, mientras hacíamos cola enfrente de los oficiales de aduanas, un grupo musical con guitarras, unos instrumentos parecidos a bandurrias pero más pequeños, flores detrás de las orejas y en el estampado de las camisas, las faldas masculinas del atuendo típico fiyiano y una bonita voz entonando melodías, nos daba también la bienvenida. La tercera bienvenida vino por parte de Natalie a la salida de &#8220;Llegadas internacionales&#8221;, una amiga de Andy desde sus tiempos universitarios. Natalie llevaba ya dos semanas en Fiyi, su primera parada en la vuelta al mundo que acaba de comenzar para ella. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_6461.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_6466.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Nadi no es la capital de Fiyi pero es la segunda ciudad más grande, de la isla más grande de las 322 islas (más unas 522 islas menores) que componen las Fiyi. Evitando como siempre las grandes ciudades, por pequeñas que estas sean comparadas con las de nuestros respectivos países, al día siguiente nos dirigimos a Suva&#8230; la capital. Para que la última frase tenga algún sentido, he de decir que solo desde allí podíamos coger el barco que nos llevaría a Taveuni, la tercera isla más grande del país. Nuestra única noche en la capital Suva fue sin embargo una especial: la noche de nuestra primera ceremonia de Kava.</p>
<p>Kava es una bebida preparada a base de la raíz de un tipo de planta de pimienta. En tiempos pasados, su preparación constituía el centro de una ceremonia entre jefes y sacerdotes únicamente. Hoy forma parte de la vida social fiyiana, como muestra de bienvenida a visitantes o simplemente para pasar el tiempo.<br />
Supuestamente, la ceremonia ha de seguir un protocolo y reglas: los invitados se sientan con las piernas cruzadas enfrente del &#8220;jefe&#8221;, que prepara el brevaje en un enorme cuenco de madera (<em>tanoa</em>), las mujeres normalmente detrás de los hombres, nunca se ha de andar a través del círculo de participantes, dar la espalda o apuntar con los pies a la <em>tanoa</em> y, si hay una cuerda entre la <em>tanoa</em> y una concha de mar blanca, no se debe pasar por encima. Esta representa la unión con los espíritus.<br />
El &#8220;jefe&#8221; ofrece la bebida a los invitados, de uno en uno y en el mismo orden siempre, en un cuenco hecho de la mitad de un coco llamado <em>bilo</em>. El participante acepta el <em>bilo</em> dando una palmada y diciendo <em>¡bula!</em> (significado literal &#8220;vida&#8221;), bebe de un golpe, mientras el &#8220;jefe&#8221; da tres palmadas, y el invitado da tres palmadas en agradecimiento tras devolverle el <em>bilo</em>.<br />
En cuanto al brevaje en sí, es el resultado de la raíz convertida en un fino polvo en un proceso de machacado y secado. El &#8220;jefe&#8221; envuelve este polvo en un paño que mezcla con agua y estruja con sus manos. El jugo que filtra el paño es el preciado Kava. Su aspecto es de barro líquido (marroncito claro) y su sabor puede resultar desagradable para paladares no acostumbrados (después de unos cuantos <em>bilos</em> no sabe tan mal), su efecto es ligeramente narcótico y pronto se empieza a sentir un sutil adormecimiento en labios y lengua. Al parecer, tiene propiedades diuréticas, antidepresivas, reduce la ansiedad, el estrés y la presión sanguínea. Sin embargo, su consumo está prohibido o restringido en muchos países por su supuesto efecto perjudicial en el hígado, conclusión derivada de un estudio alemán. Me pregunto cuánto Kava hay que beber para igualar el daño al hígado provocado por el no prohibido-restringido alcohol. </p>
<p>En fin, nuestra primera ceremonia de Kava fue infinitamente más informal que todo esto que acabo de explicar. Sentados a una mesa en el hostal, nuestros anfitriones (un grupo de indo-fiyianos), nos invitaban a beber el Kava que habían preparado en un cubo de plástico a base de un polvo de raíz &#8220;pre-fabricado&#8221;, comprado en el mercado. De todo el protocolo de palmadas y exclamaciones no tuve noticia esa noche. Esta fue nuestra cuarta bienvenida a Fiyi y la mejor manera de pasar una noche de lluvia.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_8879.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Fiyi/IMG_8880.JPG&#038;thumb=0"></p>
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		<title>Diarios de Matilda (V)</title>
		<link>http://www.caminoalandar.es/2007/11/04/diarios-de-matilda-v/</link>
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		<pubDate>Sat, 03 Nov 2007 23:20:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La traducción literal de &#8220;outback&#8221; al español es &#8220;fuera detrás&#8221;. Puesto que en España no tenemos ningún &#8220;fuera detrás&#8221; creo que tendré que emplearme más a fondo para explicar el concepto de &#8220;outback&#8221;. Empresa no fácil, sin embargo, pues creo &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/11/04/diarios-de-matilda-v/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La traducción literal de &#8220;outback&#8221; al español es &#8220;fuera detrás&#8221;. Puesto que en España no tenemos ningún &#8220;fuera detrás&#8221; creo que tendré que emplearme más a fondo para explicar el concepto de &#8220;outback&#8221;. Empresa no fácil, sin embargo, pues creo que ni los propios australianos pueden definir con exactitud lo que ellos mismos han denominado con este vago término.</p>
<p>Para empezar, la palabra hace referencia a un lugar físico, el vasto territorio que es el interior de Australia pero que carece de límites definidos. No hay una frontera con una señal que advierta &#8220;Está usted a punto de adentrarse en el Outback. Buena suerte&#8221;.<br />
Al contrario, uno empieza a tomar conciencia de que se encuentra en un nuevo entorno lentamente, a medida que las aglomeraciones humanas se van haciendo más distantes unas de otras, en frente se extiende una carretera recta hasta donde alcanza la vista y a derecha e izquierda un paisaje salvaje, desolador, interminable, ocupa el resto del campo visual. No existe punto cardinal alguno cuyo horizonte natural se vea entorpecido por algún obstáculo.<br />
Cuando, conduciendo por esa autopista de dos estrechos carriles, cae sobre uno la sensación de encontrarse en medio de ninguna parte, cuando ocasionalmente pasa otro vehículo en sentido contrario cuyos ocupantes sonríen y saludan agitando la mano, uno puede decir sin lugar a dudas, que se encuentra en el &#8220;outback&#8221;.<br />
Desértico, remoto, desolador, eterno, atrayente, retador, desconocido, peligroso y, a veces, mortal. Todo esto es ese mundo, uno diferente, que forma físicamente la mayor parte de Australia.<br />
Me temo que mi definición es subjetiva e individual, basada en mi percepción. Si bien, diría que esta es la única manera de saber &#8220;qué es el outback&#8221;; vivirlo en carne propia.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2769.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Durante el siglo XIX se sucedieron múltiples expediciones, con los más diversos fines, por esa tierra desconocida que era el interior de Australia. Sus héroes fueron los primeros en vivir su dureza y muchos no sobrevivieron para contarlo. Aún hoy en día sucede: viajeros que se adetraron en el territorio y nunca más se les volvió a ver, o turistas que perecieron al quedarse sus vehículos 4&#215;4 atrapados en la arena, sin nadie en kilómetros a la redonda para rescatarlos. Y es que, si te pierdes en el &#8220;outback&#8221;, estás perdido de verdad. Todavía en la actualidad, gran parte de la tierra del interior está sin explorar y nadie sabe a ciencia cierta &#8220;qué más hay ahí&#8221;.<br />
Sin embargo, el interior de Australia ya no es lo que era y, al menos a lo largo de sus carreteras asfaltadas, se encuentran numerosos &#8220;roadhouses&#8221;: pequeñas estaciones de servicio compuestas básicamente por una gasolinera, tienda de souvenirs, restaurante, supermercado y pub, en ocasiones varios de estos, o todos, en un solo establecimiento.</p>
<p>Hay dos organizaciones en Australia cuya razón de ser solo se explica en un territorio como este; el &#8220;Royal Flying Doctor&#8221; y la &#8220;School of the Air&#8221;. El primero es ni más ni menos que un servicio médico dedicado a pequeñas comunidades o granjas aisladas que no tienen acceso a ningún sistema sanitario. El médico, ya sea en visita rutinaria o situación de emergencia, llega literalmente volando al lugar en cuestión, en un pequeño aeroplano equipado con camilla y el instrumental necesario. Normalmente viajan tres personas; un piloto, una enfermera y el doctor.<br />
La &#8220;Escuela del Aire&#8221; está estrechamente relacionada con el anterior pues también nace de la necesidad de llegar a la gente que vive aislada en el corazón de Australia, en este caso con maestros. Así, los niños del &#8220;outback&#8221; tienen acceso a una educación a través de las ondas de la radio. Para ellos, ir a la escuela es situarse delante de un terminal de radio para conectar con sus<br />
profesores y compañeros, único modo del que disponen para hacer algo más personal una escolarización básicamente a distancia. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2543.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2566.JPG&#038;thumb=0"> </p>
<p>Existen principalmente dos autopistas que atraviesan el interior: una que conecta Cairns, en la costa este, con la segunda autopista; y esta segunda que une Darwin, en la costa norte, con la costa sur atravesando el país por la mitad. La red de carreteras en toda esta extensión la completan una serie de caminos sin asfaltar, la mayoría accesibles únicamente en vehículos 4&#215;4. Durante el próximo mes, íbamos a recorrer estas dos autopistas.<br />
Nuestro tiempo en Australia ha coincidido con la estación seca. Si hubiéramos viajado en la estación húmeda, lo más probable es que nos hubiéramos encontrado tarde o temprano con la carretera cortada en alguna de las muchas zonas susceptibles de inundación, todas señalizadas, por cierto. En este caso, no hay caminos alternativos, por lo que la única solución es dar media vuelta y cambiar de destino.</p>
<p>Continuando con nuestro viaje, dejamos Cairns y nos fuimos adentrando en el interior. Las horas de conducción antes de llegar a algún lugar al que se le pudiera aplicar el adjetivo de &#8220;poblado&#8221; se fueron alargando cada vez más. Después, las horas se convertirían en días.<br />
A medio camino hacia Darwin, paramos en uno de las pocas ciudades merecedoras del término; Mount Isa. El interior de Australia es algo así como el lejano Oeste Americano (aunque no haya pisado ese lejano oeste&#8230; La magia del cine) especialmente en lo que a vaqueros y caballos se refiere, y donde hay caballos y vaqueros, hay rodeos. El rodeo de Mount Isa es el más grande y famoso de Australia, y nosotros llegamos el tercer y último día del evento. No podíamos perdérnoslo. Cuando llegamos ya había empezado y, aunque pasamos casi todo el día disfrutando del espectáculo, cuando nos fuimos todavía no había terminado. Aunque a los australianos no les gusta la comparación de sus rodeos con los americanos, a mí me pareció exactamente igual a lo que he visto alguna vez en las películas americanas. Por otra parte, de algún lugar les tuvo que venir la inspiración ¿no?<br />
Dejando atrás la ciudad concentrada en su tradición, continuamos haciendo kilómetros a través del desierto: 1810 km nos separaban de Darwin. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2931.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_3139.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>6 días y 5 noches más tarde, entrábamos en la ciudad situada más al norte del país. Más cercana a algunos países asiáticos, como Singuapur, que al resto de las grandes ciudades de Australia, su carácter tenía que ser diferente por necesidad. Su población es una rica mezcla asiática y occidental, y la única ciudad importante donde la presencia aborígen es algo más que una esporádica y extraña visión. Darwin tenía fama años atrás de ser un lugar poco interesante, perezoso, aburrido y pobre culturalmente. Si esto alguna vez fue cierto, hoy el panorama es bien distinto. Nuestra llegada, de nuevo oportuna, coincidió con el inicio del &#8220;Festival de Darwin&#8221;, la fiesta mayor de la ciudad. Eventos culturales como conciertos, danzas aborígenes, exposiciones de arte, mercadillos, etc, llenaban los días y las noches. En especial, le tomamos el gusto a un mercado nocturno que desplegaba su actividad paralelo a la playa. Además de los puestos de venta de los más inverosímiles souvenirs (allí pude cumplir con la petición de mi hermano: &#8220;tráeme la cosa más extraña que encuentres&#8221;), se sucedían los puestos de comida de todas partes del mundo (incluyendo uno con churros y chocolate) y, sobre todo, actuaciones en directo de artistas y músicos. Varias de las acutaciones musicales tenían como instrumento protagonista o de acompañamiento, el didjeridoo. Este es un instrumento tradicional aborígen, una especie de flauta enorme, hueca pero sin agujeros, que produce el más variado y extraño repertorio de sonidos al soplar en su interior mediante una complicada técnica de respiración circular. Los &#8220;verdaderos&#8221; didjeridoos, los que los aborígenes han tocado tradicionalmente durante miles de años, son ramas de eucalipto que han sido ahuecadas por termitas en un proceso natural.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/CIMG_2279.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/P1010673.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Además de las atracciones temporales del festival, Darwin cuenta con un museo excelente. Es fácil perderse un día entero vagando entre sus numerosas salas. Una de ellas estaba dedicada al ciclón Tracey, que en 1974 destruyó la ciudad por completo, principal motivo por el cual Darwin es hoy una ciudad moderna. Las casas anteriores al ciclón estaban construidas al estilo asiático, con materiales ligeros y grandes espacios abiertos. En la actualidad los edificios deben cumplir ciertos parámetros de seguridad. Otra atracción del museo es &#8220;Sweetheart&#8221;, un cocodrilo disecado de 5 metros de longitud. En los 80, Sweetheart se convirtió en foco de preocupación de la población local después de repetidos ataques a barcas de pesca y recreo. Antes de que se cobrase alguna víctima, las autoridades decidieron recolocarlo en otro lugar. La operación fracasó cuando en el trascurso de captura y traslado el cocodrilo se ahogó.</p>
<p>Días más tarde íbamos a ver de nuevo cocodrilos, en esta ocasión vivos. La forma más fácil de hacerlo es en uno de los barcos que salen a enseñártelos. Ahora, el cocodrilo es el animal &#8220;invisible&#8221;, dejándose ver solo si él quiere y eso solo sucede cuando ataca. Así pues, ¿cómo hacer para enseñar a los turistas ávidos de fotos y videos los famosos cocodrilos? Alimentarlos. Esto los convierte en los &#8220;Jumping Crocodiles&#8221; (Cocodrilos Saltarines), que es ni más ni menos que lo que todas las empresas que se dedican a esto te aseguran que vas a ver. No prometen en vano; los cocodrilos saltan tan alto y de una manera que nunca hubiera imaginado&#8230; si hay comida de por medio. Desde la cubierta superior de un barco de dos pisos, una persona sujeta una especie de caña de pescar con un chuletón crudo como cebo, lo mantiene en el aire hasta que se acerca un cocodrilo y entonces empieza a jugar con él en plan &#8220;a que no lo coges&#8221;. El cocodrilo tiene su recompensa después de un par de saltos para los turistas. Aunque parece una atracción de circo, al menos los cocodrilos están en su propio hábitat y no creo que tenga una repercusión negativa el alimentarlos. Además, es la única manera de verlos tan cerca sin convertirte en su merienda.<br />
Al observarlos en primer plano, no se puede evitar sentir una mezcla de aprensión y fascinación por un animal cuya existencia sobre la faz de la tierra se remonta a la época de los dinosaurios y que no ha evolucionado en 140 millones de años, lo que sugiere que ya entonces alcanzó la perfección como especie.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_3476.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_3481.JPG&#038;thumb=0">  </p>
<p>Volviendo a Darwin, un día conducíamos por sus calles cuando un vehículo nos pitó. Yo ni siquiera me había dado cuenta de que el bocinazo iba dirigido a nosotros hasta que el vehículo paró a nuestro lado izquierdo en un semáforo en rojo. Era una furgoneta similar a la nuestra. Yo tenía la ventanilla bajada e inmediatamente escuché a mi lado &#8220;hola, ¿sois españoles?&#8221;. Levanté la vista de la guía, que estaba leyendo en ese momento, y ví a un chico sonriente mirando hacia mí. Viendo mi cara de sorpresa, me aclaró que habían visto la bandera y nos habían pitado (poco después de salir de Sydney encontramos una tienda de banderas donde compramos dos pegatinas, que colocamos en la parte trasera de Matilda; una con la bandera británica y otra con la española). Ellos eran cuatro, todos de Barcelona. Antes de que el semáforo cambiara a verde, les dijimos que estaríamos en el mercado por la noche. Quizás nos pudiéramos encontrar allí.</p>
<p>Aquella noche no vimos a ningún catalán en el mercado pero, cuando fuimos a coger la furgoneta, Andy reconoció su vehículo aparcado cerca. Esperamos un rato por si aparecían y, ya cansados, les escribimos una nota. Acababa de dejarla en el parabrisas cuando a lo lejos reconocimos un grupo de chicos que venía en nuestra dirección. Eran ellos.<br />
Estuvimos más de una hora hablando antes de darnos cuenta de que no nos habíamos presentado. Ellos eran: Javi, Jose, Gerard y Marcos. Aunque los cuatro eran de Barcelona, solo los tres primeros viajaban juntos y a Marcos lo habían conocido ese mismo día. Marcos viajó por primera vez a Australia en 1997 y, desde entonces, se había convertido en su segunda casa después de Barcelona. Había regresado cada año, en gran parte porque se convirtió en profesor de &#8220;didjeridoo&#8221;, además de vender los instrumentos, de vuelta en Barcelona.<br />
Los demás tenían intención de viajar por Australia alrededor de un año. Aquí se les planteaba un problema: siendo portadores de pasaporte español, no tenían derecho a solicitar el visado de trabajo-vacaciones.<br />
Viendo que las horas pasaban charlando en medio de la calle, Marcos nos invitó a ir a su casa para seguir el parloteo. Esa noche nos fuimos a dormir a hora española.</p>
<p>A Javi, Jose y Gerard les volvimos a ver en el &#8220;Parque Nacional Kakadu&#8221; y pasamos con ellos los siguientes tres días explorando el parque.<br />
Kakadu es un área inmensa registrada como Patrimonio de la Humanidad tanto por su valor natural como cultural. Las pinturas rupestres en las rocas, de los pobladores aborígenes del lugar desde hace no se sabe cuanto tiempo (se estima 50 000 años) son la prueba más visible de su valor cultural. Esto hace del arte aborígen, junto con su cultura, el más antiguo del mundo.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_3687.JPG&#038;thumb=0"></p>
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		<title>Primeras experiencias con terremotos</title>
		<link>http://www.caminoalandar.es/2007/10/16/primeras-experiencias-con-los-terremotos/</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Oct 2007 05:09:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[En caso de que a alguien le haya llegado la noticia de que la pasada madrugada hubo un terremoto en Nueva Zelanda, concretamente en Queenstown, y se pregunta si estábamos allí, la respuesta es que sí, allí estábamos, temblando, petrificados, &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/10/16/primeras-experiencias-con-los-terremotos/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En caso de que a alguien le haya llegado la noticia de que la pasada madrugada hubo un terremoto en Nueva Zelanda, concretamente en Queenstown, y se pregunta si estábamos allí, la respuesta es que sí, allí estábamos, temblando, petrificados, sin saber qué estaba ocurriendo.</p>
<p>Anoche volvimos a nuestro sitio en medio de un campo al lado del lago Wakatipu, a cuyas orillas se extiende la ciudad de Queenstown, después de asistir al segundo día del Festival de Jazz anual de esta ciudad. El ambiente y los músicos eran buenos y nos quedamos hasta el final, a eso de las 11 de la noche, sobrepasando nuestra hora de ir a dormir. </p>
<p>Después de aparcar la furgoneta y preparar la cama, caí rendida y a los pocos minutos ya estaba soñando, profundamente dormida. En mi sueño, en un alarde de falta de imaginación, conducíamos nuestra furgoneta, aunque se parecía más a nuestra Matilda de Australia que a la actual, aparcábamos en algún lugar al aire libre, eligiendo muy mal el lugar por cierto, que estaba en pendiente, y de repente la tierra empezaba a moverse bajo nosotros provocando que la furgoneta se moviera violentamente y comenzara a deslizarse pendiente abajo.<br />
Me desperté sobresaltada, solo para comprobar estupefacta que la agitación de la furgoneta no había cesado en absoluto, es más, la violencia con que se movía de un lado a otro iba creciendo. Andy despertó segundos después y, en su confusión, gritó algo a &#8220;alguien&#8221; pensando que había una persona fuera agitando el vehículo. Cuando se dió cuenta de que esto, si no imposible, no era al menos probable, se reincorporó en la cama, quieto, confuso y en alarma, como yo, preguntándose qué podía estar pasando. Finalmente, el temblor cesó poco a poco y volvimos a tumbarnos, con una sensación de haber vivido algo irreal. Unos segundos después ví la luz y expresé mi descubrimiento en voz alta &#8220;¿no podría haber sido un terremoto?&#8221;, &#8220;¡claro!&#8221; dijo Andy &#8220;¡ha sido eso!&#8221;. Yo continué con mis conjeturas &#8220;si ha habido un temblor&#8230; lo más probable es que haya más, ¿hemos aparcado cerca de algún árbol?&#8221;. &#8220;No&#8221; dijo Andy &#8220;pero ese coche de ahí está al lado de un árbol, por eso creo que se están moviendo&#8221;. Efectivamente, se oía el motor de un coche en marcha.<br />
Como para darme la razón, el suelo empezó a temblar de nuevo. Al principio era muy débil, tanto que cuando dije &#8220;¡ya viene otro!&#8221;, Andy exclamó ¡nooo, qué vaaa! pero el temblor fue creciendo y la furgoneta empezó a agitarse de nuevo. Este, sin embargo, no había sido tan fuerte como el anterior.<br />
Si hubo más de los pequeños terremotos no lo sé, al menos no hasta que pasado un rato en vela, esperando nuevos temblores, finalmente me venció el sueño.  </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Nueva_Zelanda/IMG_5215.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Esta mañana, hace tan solo unas pocas horas y estando en el mismo lugar desde el que escribo estas líneas, los temblores se han vuelto a repetir. No ha sido gran cosa; el suelo moviéndose bajo nuestros pies, las paredes temblando, el café haciendo ondas en la taza&#8230; y la gente interrumpiendo abruptamente lo que fuera que estuviera haciendo para mirarse los unos a los otros.<br />
Por Internet he sabido que, el terremoto de la 1:29 de la madrugada ha tenido una intensidad de 6.8, con el epicentro a 103 km de Queenstown y a una profundidad de 25.4 km. El de esta mañana, 10:28 hora local, ha medido en la escala 6.0, a 95 km de Queenstown y a una profundidad de 38.6 km. </p>
<p>Mientras sean de menor intensidad, y por lo visto esto es lo normal en Nueva Zelanda, la experiencia es incluso divertida. Sin embargo, no deja de ser inquietante sentir cómo se revuelven las entrañas de nuestra Madre Tierra. Un terremoto de poca intensidad es suficiente para sentir el magnífico poder de la Naturaleza y la insignificancia del ser humano, enteramente a su merced.</p>
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		<title>Diarios de Matilda (IV)</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Oct 2007 23:43:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Arlie Beach &#8211; Cairns días 18 a 29 Nuestros dos pasajeros no podían haber sido más diferentes. Uno atento, respetuoso y buen compañero de viaje, colaboraba con las tareas cotidianas de la furgoneta, como preparar la comida, fregar o mantenerla &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/10/15/diarios-de-matilda-iv/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Arlie Beach &#8211; Cairns<br />
días 18 a 29</strong></p>
<p>Nuestros dos pasajeros no podían haber sido más diferentes. Uno atento, respetuoso y buen compañero de viaje, colaboraba con las tareas cotidianas de la furgoneta, como preparar la comida, fregar o mantenerla ordenada, además de ser una persona amigable con la que uno fácilmente puede llevarse bien. La otra no movía un dedo para nada que no fuera por su propio bienestar, esperaba a que le pusiéramos la comida delante y dejaba sus trastos por medio del ya escaso espacio libre en la sobrecargada Matilda. Lo más molesto, su carácter egocéntrico, interrumpiendo a los demás para decir algo que no venía a cuento o no escuchando cuando le hablaban si no era de su interés. Incluso se las arregló para aplastar las gafas de sol de Andy &#8220;sin darse cuenta&#8221;.<br />
Quisiera pensar que esta diferencia entre los dos se debía básicamente a una diferencia de edad de diez años.</p>
<p>El francés Guilleume había decidido a sus 29 años que ya era hora de cumplir su sueño de viajar por Australia, dijo adiós a su trabajo de diseñador industrial en Bélgica y se echó la mochila a la espalda con el firme propósito de aprender inglés. La duración estimada de su viaje era de un año, durante el cual tenía intención de trabajar con su &#8220;working holiday visa&#8221;, visado de trabajo y vacaciones para jóvenes hasta 30 años, para ayudar a financiar su viaje.</p>
<p>La alemana Anika tenía 19 años, acababa de terminar el instituto y todavía no había decidido qué estudiar, quizás informática. Estaba viajando básicamente porque su madre había hecho lo mismo a su edad. Aunque hablaba inglés, francés y algo de español, además de su alemán materno, evidentemente no había aprendido a comunicarse, a no ser para pedir o hablar de sí misma. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1510.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Llegamos a Mission Beach, una parada que Andy y yo habíamos planeado para navegar en Catamarán, antes del destino final de nuestros pasajeros, Cairns. Era hora de poner en práctica las habilidades que habíamos adquirido en el curso que le regalé a Andy por su cumpleaños antes de salir de España.<br />
Las cosas no estaban saliendo bien ese día; el camping que habíamos elegido estaba lleno, nos  estábamos quedando sin gasolina en un lugar donde no había gasolineras y la alemana no dejaba de preguntar &#8220;qué habíamos dedidido hacer&#8221; refiriéndose a si seguíamos hasta Cairns. Hasta tres veces le contesté que lo primero era buscar gasolina y luego ya veríamos. A la tercera debió notar mi tono de impaciencia porque por fin se calló. Cuando hubimos echado gasolina y encontrado otro camping donde pasar la noche, la chica me dijo que había decidido seguir el viaje en autobús ese mismo día &#8220;porque estábamos dando vueltas y perdiendo el tiempo&#8221;. Por lo visto nos había tomado por un servicio de transporte directo y gratis (también puso pegas a la manera en que dividimos los gastos de gasolina) a Cairns. Pronto se le olvidó que ella &#8220;también quería parar en Mission Beach&#8221;, como me dijo el día que se autoinvitó. Al cabo de un par de horas se iba, sin darnos las gracias si quiera, a coger el autobús, para descanso de Andy y mío que no teníamos ningún deseo de seguir viajando con una niña egoísta.</p>
<p>Al día siguiente, aunque el viento no sopló como debiera en un día de navegación, Andy y yo nos subíamos a un catamarán. Guilleume decidió que ya había tenido bastante mar en las Whitsundays (en el velero en que nos habíamos conocido) y se quedó en la playa dando un paseo y haciéndonos fotos con la cámara que hacía no mucho que se había comprado. Le estaba tomando el gusto a eso de la fotografía.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/P1010499.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Seguimos nuestro camino a Cairns. Allí, Guilleume tenía intención de buscar trabajo y quedarse una temporada ahorrando para seguir después viajando. Nosotros no nos habíamos cansado del mar pero esta vez nuestro plan era bucear en la Gran Barrera de Coral.</p>
<p>Nos decidimos por un viaje de dos días a la Gran Barrera en un barco llamado Reef Encounter. Este barco está permanentemente anclado en las cercanías de la Gran Barrera de Coral durante meses y es otro barco, de salidas de un día, el que lleva y trae a los pasajeros hasta el Reef Encounter. Lo mejor de nuestro &#8220;tour&#8221;, y la razón por la que habíamos elegido este en concreto, era que después de nuestros dos días como pasajeros, nos podíamos quedar como voluntarios trabajando en las tareas cotidianas de limpieza y servicio a cambio de inmersiones de buceo, comida y, por descontado, alojamiento.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2093.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1497.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>La Gran Barrera de Coral es en realidad muchas barreras de corales juntas, famosas por ser el único organismo vivo visible desde el espacio. Yo no la he visto desde el espacio pero las fotos más populares son las áereas y es verdad que es impresionante. Ahora, bajo el agua, no son más especiales ni diferentes a otros lugares en los que he buceado. De hecho, los corales de Filipinas me impresionaron más. De todas formas, este es un lugar para bucear que uno no debe perderse si llega hasta esta parte del mundo.</p>
<p>En nuestros dos días como pasajeros hicimos cinco inmersiones, incluyendo una nocturna, en que vimos tortugas, tiburones y muchos otros animales marinos familiares para un buceador. Lo que hizo que estas inmersiones fueran diferentes y especiales es que, por primera vez, Andy y yo buceábamos de manera independiente, sin guía y navegando por nosotros mismos.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1648.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Después pasamos a la categoría de voluntarios, con lo que tuvimos que trasladarnos a las habitaciones reservadas para tripulación, a las que se accedía desde cubierta, que compartíamos con los otros voluntarios: la canadiense Lisa, el alemán Sebastian, el danés Jacob y el australiano Craig.<br />
Como voluntarios solo podíamos hacer las inmersiones de las 6:30 de la mañana, de las 15:30 y la nocturna. El resto del tiempo lo dedicábamos a las tareas que nos encomendaran y a nuestro ocio, una vez habíamos cumplido con ellas. Antes de la inmersión de las 6:30, debíamos preparar el comedor para el desayuno, que tenía lugar tras el buceo, con lo cual nos debíamos levantar una hora antes más o menos. Los días eran largos e intensos, con lo que al anochecer caía agotada en mi litera y no tardaba en dejar de percibir el ruido de las máquinas y el vaivén del barco en las olas.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_2517.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1719.JPG&#038;thumb=0"> </p>
<p>La primera flota de pasajeros después de convertirnos en voluntarios, trajo consigo un par de españoles; los primos hermanos Ignacio, de Zaragoza, y Miguel Ángel, del País Vasco. Ignacio era una de esas personas que no pasan desapercibidas, no solo por su físico, barba, trenzas, alto y &#8220;fortote&#8221; como buen maño, sino también por su carácter abierto y sin complejos. Para venir a Australia, impulsado por su primo, se había sacado su certificación básica de buceo y había desempolvado sus libros de inglés del cole solo quince días antes, en un loable esfuerzo por aprender inglés. A la hora de hablar con la gente, lo importante era comunicarse sin miedo a cometer errores o mostrar su escaso conocimiento de esta lengua, que por otra parte nunca había necesitado; su método consistía en hablar en español con el angloparlante, despacio, claro e intercalando en su discurso las palabras en inglés que sí sabía o que había ido aprendiendo por el camino. Aunque parezca mentira, conseguía expresarse con más éxito del que cupiera pensar y, al menos en lo básico, se hacía entender. Con esa actitud tan positiva no me extrañaría que volviese de Australia con un inglés más que aceptable.<br />
A los primos los conocí después de su primera inmersión, cuando uno de los buceadores que trabajaba en el barco les estaba echando la bronca por algo y Andy intentaba hacer de traductor. El motivo era que habían ascendido a la superficie por separado, cosa que nunca, nunca, nunca se debe hacer. Se bucea en parejas y juntos hasta el final, en lo bueno y en lo malo. La razón por la que habían salido del agua en solitario todavía era peor: Ignacio se había quedado sin aire, algo que jamás debe suceder. Siempre se asciende a superficie con un mínimo de aire en la botella, lo que da margen para cualquier imprevisto. Él subió con ¡cero!, sin absolutamente ningún aire que respirar. Yo no creo que fuera temerario, sino más bien novato y con un exceso de confianza. La reprimenda la tomó bien y aprendió de ella. Buceando después con ellos, pensé que lo hacía muy bien para su poca experiencia en este nuevo medio para él, que ya me había remarcado en varias ocasiones &#8220;¡si yo soy de secano!&#8221; </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1801.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>El tiempo empeoró desde el primer día de nuestra llegada, pasando de un sol primaveral a un viento infernal que movía el barco de un lado a otro provocando pequeños desastres, especialmente en la cocina donde los cacharros parecía que tomaban vida propia y donde los que estábamos trabajando nos tuvimos que emplear a fondo para evitar daños mayores, el peor de los cuales lo salvó uno de los voluntarios al coger casi al vuelo las bandejas de lasaña, que se habían salido al abrirse la puerta del horno y hacían su recorrido hacia el suelo.<br />
Un día hubo que suspender la inmersión nocturna debido al temporal, aunque no creo que hubiera mucha gente dispuesta a bucear de haberla mantenido, pues la mayoría se encontraban tirados por los sillones del comedor, pálidos y quietos. Los que no, vomitando en sus habitaciones.<br />
En este viaje descubrí que podía haber sido marinera de profesión pues en ningún momento me sentí si quiera mareada, quizás por estar ocupada con mis numerosos quehaceres.   </p>
<p>A los cuatro días de voluntariado decidimos que ya era bastante. Por una parte porque debíamos continuar nuestro viaje si queríamos llegar a Sydney en la fecha prevista, por otra porque la nueva &#8220;jefa&#8221; nos estaba explotando. Siempre tenía algo que hacer para nosotros, hasta el punto de que ni siquiera podíamos comer sin ser interrumpidos o con el suficiente tiempo para no atragantarnos y, por supuesto, dejamos de tener tiempo libre. Lo peor eran sus aires de superioridad y la total falta de tacto con la que nos trataba. Para mí, la sensación fue que había dejado de hacer voluntariado y me había convertido en su empleada. </p>
<p>La experiencia, sin embargo, fue muy positiva. Conocimos a gente genial, entre ellos Miguel Ángel e Ignacio, nuestros compañeros de voluntariado y en especial uno de los buceadores de la tripulación, Puk, original de Nueva Zelanda que había tenido una novia catalana a la que había conocido en el mismo barco.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1713.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>De vuelta en tierra firme, nos esperaba una sorpresa. En el móvil teníamos un mensaje de Guilleume preguntándonos si no nos importaba tener compañero de viaje con el que compartir los gastos; había decidido seguir hasta Darwin porque no podía encontrar trabajo en Cairns. A los dos nos alegró tenerlo de nuevo a bordo y así continuamos nuestro viaje, esta vez adentrándonos hacia el interior, en esa vasta y vaga área de Australia conocida como el &#8220;outback&#8221;.</p>
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		<title>Diarios de Matilda (III)</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Oct 2007 08:53:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Hervey Bay &#8211; Arlie Beach día 11 a día 18 Continuando con nuestro viaje por Australia, llegamos a un lugar llamado Arlie Beach cuya existencia se debe casi exclusivamente al turismo atraído por un grupo de islas situado a unos &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/10/05/diarios-de-matilda-iii/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hervey Bay &#8211; Arlie Beach</strong><br />
<strong>día 11 a día 18</strong></p>
<p>Continuando con nuestro viaje por Australia, llegamos a un lugar llamado Arlie Beach cuya existencia se debe casi exclusivamente al turismo atraído por un grupo de islas situado a unos pocos kilómetros de su costa. El Capitán James Cook las nombró &#8220;Whitsundays&#8221;, término que hace referencia a una festividad religiosa cuyo equivalente en español no he podido deducir de las explicaciones de Andy. El motivo del capitán para denominarlas del tal manera no fue otro que el de haber llegado a la isla el día en cuestión. </p>
<p>Ninguna de las islas está poblada ni ofrece alojamiento o servicios, al menos para el mochilero, por tanto la forma de visitarlas consistía necesariamente en enrolarse en uno de los muchos barcos de regatas reconvertidos a barcos de turismo. La oferta era inmensa y variada; desde antiguos barcos de vela con altos mástiles hasta &#8220;Maxis&#8221; vencedores en su época de importantes regatas.</p>
<p>Después de repasar la oferta entre los miles de folletos que habíamos recolectado en varias agencias, nos decidimos por un tour de dos días en el &#8220;British Defender&#8221;, un barco de vela que participó en la &#8220;89/90 Regata de Vuelta al Mundo Whitbread&#8221;.<br />
Pero antes teníamos un día que matar en Arlie Beach. Por algún motivo, quizás impulsados por la inminente aventura velera, nos dirigimos al Club Náutico donde nos enteramos que cada miércoles los patrones de barcos que salían a navegar admitían invitados&#8230; ¡gratis!<br />
Estábamos a miércoles, así que volvimos al club a la hora a la que se reunían los dueños de los barcos antes de salir a navegar. Fuimos los primeros &#8220;invitados&#8221; en entrar al club pero cuando empezaron a llegar otros, nos dimos cuenta de nuestro error: no traíamos cervezas con nosotros. Poco a poco fueron apareciendo pequeños grupos de 2 a 4 personas, casi todos con cartones de cerveza. Poco a poco esos grupos establecieron contacto con los patrones mediante algún método secreto. Poco a poco la gente fue desapareciendo.<br />
En el club solo quedó los miembros que no salían a navegar, el personal y unas chicas que, como nosotros, no se habían enterado de cómo funcionaba la cosa. Habíamos pensado que por ser los primeros teníamos nuestra plaza asegurada pero, después de mucho esperar a que alguien se dirigiera a nosotros para enseñarnos el camino a nuestro barco, le preguntamos a la chica que nos había registrado qué narices había pasado. Nos dijo que la manera es ir preguntando a la gente si quiere llevarte, ir encuestando al personal. La chica nos dijo también que nos había señalado a uno de los capitanes pero, de alguna manera, su ayuda cayó en saco roto porque en ningún momento llegamos a contactar con ninguno de ellos. Algo me dice que el no llevar un cartón de cervezas bien visible tuvo algo que ver con nuestro abandono.<br />
Decepcionados y con las orejas gachas, salimos al puerto a ver los barcos de vela partir, cargados con triunfantes pasajeros y burbujeantes cervezas. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1328.JPG&#038;thumb=0">         </p>
<p>Al día siguiente subimos a nuestro barco de vela, el que habíamos pagado, para navegar durante dos días por las Whitsundays.<br />
El barco era más pequeño de lo que esperaba, con el espacio muy bien aprovechado. Tanto, que nuestro camastro estaba en la misma cocina. De hecho, para subir y bajar de mi cama, que estaba en la parte superior, podía (y debía) agarrarme al armario donde se guardaban tazas y vasos. Esta vez el orden sí importaba, pues nos tocó el peor de los sitios por ser de los últimos en subir al barco. Esto lo pensé por la noche, durante las horas que un grupo que se había quedado de fiesta me mantuvo despierta con sus gritos y risas. Como he dicho, dormía al lado de la cocina, que estaba adyacente a la &#8220;sala de estar&#8221;, todo en una misma estancia. Las literas de popa y proa tenían una puerta que las separaba de este espacio central. </p>
<p>Lo primero fue instalarnos, lo que consistió en dejar nuestras bolsas encima de las camas, amarradas con cuerdas elásticas, y atender a la charla de bienvenida de un miembro de la tripulación, que trataba básicamente las normas del barco. Después subimos a cubierta para navegar de verdad, es decir, sentarnos donde nos dijo el capitán mientras la tripulación soltaba cabos, levantaba velas, amarraba cuerdas y ponía el barco sobre uno de sus lados, cortando el agua a toda velocidad, mientras nosotros permanecíamos sentados en el otro lado haciendo de contrapeso. Eso sí, para levantar la vela mayor necesitaron de seis voluntarios que tuvieron que dar vueltas (en parejas) a una especie de enormes manivelas con el propósito de tensar la cuerda que soporta la vela. Mi vocabulario y conocimientos de técnicas de navegación no dan para explicar mejor todo el despliegue que tuvo lugar antes de que la vela estuviera arriba y nosotros sintiendo el viento en la cara. No solo sentíamos el viento sino también la ocasional ola sobre cubierta, una de las cuales me tocó a mí recibir. Ni viento ni agua eran especialmente agradables en un día frío y nublado como aquél, así que cuando pasó el tiempo de navegar como lo hacen en las regatas, me alegré de poder bajar al camarote y encontrarme con que era la hora del té/café y dulces variados.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1212.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/P1010212.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/P1010224.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>El &#8220;British Defender&#8221; fue diseñado, construido y bautizado en Inglaterra. En marzo del 89, el puente &#8220;Tower Bridge&#8221; se abrió especialmente para que el barco navegara el Támesis, donde fue bautizado en una ceremonia cristiana por el Duque de Edimburgo.<br />
La razón de su existencia: la Regata Alrededor del Mundo (89/90), en la que participó con una tripulación de 45 miembros seleccionados entre las Fuerzas Armadas Británicas.<br />
Lo que no dice el folleto que nos dieron es el puesto en que quedó&#8230;<br />
En 2001, el Defender sufrió una reforma para convertirse en uno de los barcos que navegan por las Whitsundays con turistas a bordo. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1405.JPG&#038;thumb=0">  </p>
<p>La tripulación del &#8220;British Defender&#8221; la formaban cuatro personas: Kay, australiano y capitán del barco; Haydon, también australiano y marinero, el segundo de abordo, al que le gustaba llevar un sombrero de bufón; Slinki, chica americana, marinera ayudante y cocinera; y Sam, el voluntario alemán. Sam había sido pasajero como nosotros y se había enrolado después como voluntario. Básicamente hacía todas las tareas que no quería hacer el resto de la tripulación (como limpiar los lavabos) a cambio del viaje y comida gratis.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1402.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>Aparte de la tripulación, éramos 24 pasajeros de diferentes nacionalidades: los grupos más numerosos eran el alemán y el británico, después había un puñado de holandeses y luego estábamos las minorías, de un individuo cada una, israelí, francesa, italiana y española.<br />
Es interesante observar cómo evolucionan las relaciones en un grupo de desconocidos (supongo que en esto se basa el éxito de Gran Hermano, aparte de en los escándalos), especialmente cuando se trata de un grupo multicultural.<br />
Puede que haya una tendencia de las minorías a unirse o quizás sea una inclinación de las mayorías a aislarse, el caso es que con quien mejor me llevé durante esos dos días fue con el italiano Carlos y el francés Guilleume. La israelí parecía ir por su cuenta.<br />
Andy también hizo buenas migas con ellos dos, en vez de limitar sus relaciones a los miembros de su propia nacionalidad, como parecía habían hecho sus compatriotas. Una vez ví cómo charlaba con Carlos y al acercarme descubrí que estaban hablando en español. &#8220;Mmm, un inglés y un italiano hablando en español, interesante&#8230;&#8221;, pensé. Luego me di cuenta que hablaban de coches. &#8220;Mmm, no tan interesante&#8230;&#8221; Carlos había estado viviendo un año en España, Granada, de erasmus, así que hablaba español perfectamente.</p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1446.JPG&#038;thumb=0">    </p>
<p>Dejando a un lado cuestiones sociológicas y lingüísticas, estábamos en ese barco para ver las Whitsundays pero solo desembarcamos en la isla más grande. Ésta se caracteriza por tener la arena más blanca y pura que se ha visto nunca en una isla, compuesta en un 99% de silicio.<br />
En un breve respiro en tierra, dimos un paseo por la isla y nos relajamos en la playa. Después de considerarlo durante unos minutos, me decidí a bañarme. El azul cristalino del agua invitaba pero tras los síntomas de congelamiento que experimenté después del primer chapuzón, decidí que ya había tenido bastante.<br />
Luego nos dieron otra ocasión para congelarnos: nos llevaron a hacer snorkeling (buceo con tubo) a un arrecife de coral. Me sentí afortunada por disponer de un traje de neopreno (el alquiler del cual era opcional) mientras otros se lanzaban al agua en bañador. El problema es que cuando el traje te queda grande, no sirve más que para crear un circuito de agua fría entre el neopreno y tu piel. Aunque tiritando, pude apreciar una preciosa variedad de corales. </p>
<p><img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1366.JPG&#038;thumb=0"><br />
<img src="./wp-content/plugins/lazy-gallery/lazy-img.php?file=Australia/IMG_1383.JPG&#038;thumb=0"></p>
<p>El día de nuestro regreso amaneció con un sol resplandeciente, el cual no habíamos visto desde el día anterior a nuestra partida.<br />
Antes de desembarcar, todavía no sé cómo, una alemana de 19 años se autoinvitó a venir con nosotros en la furgoneta hasta Cairns. Creo que empezó cuando un grupo, en el que también estaba el francés Guilleume, estábamos comentando nuestros planes inmediatos. La alemana dijo que iba a Cairns. Yo dije que íbamos a Cairns parando antes en Mission Beach. La alemana dijo que ella también quería ir a Mission Beach, ¿no tendríamos sitio en la furgoneta para ella?. Yo dije que la falta de espacio en la furgoneta durante el viaje no era el problema (sentados cabían cinco), el problema era para dormir (solo dos). Ella dijo, ¡no es problema, yo tengo tienda de campaña!. Yo dije que lo tendría que hablar con Andy pero pensé que me había pillado. Guilleume, cuyo destino era también Cairns y todavía no sabía cómo iba a ir (esto ya me lo había comentado antes) no dijo una palabra.<br />
Tenía pensado proponer a Andy que invitásemos a Guilleume a venir con nosotros. A los dos nos había caído muy bien. Por tanto, cuando tuve la ocasión de hablar con Andy, le dije que si la alemana venía, debíamos invitar a Guilleume también.<br />
Así es como esa misma tarde salimos de Arlie Beach un inglés, un francés, una alemana y una española. </p>
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		<title>En el paÃ­s nÃºmero 10</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Oct 2007 03:36:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Espe</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Una breve nota para situarme: estoy en Nueva Zelanda, el país verde del kiwi-fruta y kiwi-pájaro. De nuevo subida a una furgoneta, otra Toyota, pero esta más nueva, cómoda, mejor equipada que Matilda, y de alquiler. Hoy es nuestro quinto &#8230; <a href="http://www.caminoalandar.es/2007/10/01/en-el-pais-numero-10/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una breve nota para situarme: estoy en Nueva Zelanda, el país verde del kiwi-fruta y kiwi-pájaro. De nuevo subida a una furgoneta, otra Toyota, pero esta más nueva, cómoda, mejor equipada que Matilda, y de alquiler.<br />
Hoy es nuestro quinto día de ruta y si algo he de destacar es que no he visto un solo lugar feo o algo que se acerque a este adjetivo.<br />
Desde luego merece otro diario de viaje&#8230; si es que alguna vez consigo terminar los Diarios de Matilda.<br />
De momento aquí dejo una pequeña muestra de la belleza que me rodea, que a los pocos días de estar aquí se convierte en &#8220;lo normal&#8221;. </p>
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