Cruzar la frontera entre Tailandia y Malasia fue facil: algo más de un kilómetro a pie y nos plantamos en otro país, con otro idioma y otra cultura.
En Malasia la mayoría de la población es musulmana. Esta es quizás la principal diferencia con Tailandia, al menos a simple vista: mujeres tapadas de pies a cabeza, con el típico velo cubriendo el cabello; mezquitas en lugar de templos budistas y rezos en dirección a la Meca; y carteles en lugares públicos recordando a la población musulmana la prohibición de consumir alcohol y la multa o prisión a la que se enfrentan en caso de incumplirla.
Aunque retrasamos nuestro vuelo a Singapur, no teníamos mucho tiempo en Malasia así que elegimos sólo tres lugares de lo mucho que ofrece este país.
La primera parada fue una isla situada en la costa noreste de la Malasia peninsular: Pulau Perhentian (‘pulau’ significa ‘isla’ en malayo), nombre que en realidad hace referencia a dos islas muy juntas entre sí, una grande y otra pequeña. Nosotros nos quedamos en la pequeña.
Si algo hicimos en esta isla fue ver peces y otras criaturas marinas. ‘Snorkeling’ (me pregunto si existe una palabra en español para esto, yo la mejor traducción que he encontrado es ‘buceo con tubo’) y buceo fueron nuestras actividades diarias.
Hay una playa en la isla llamada “Turtle bay” (bahía tortuga) donde curiosamente no son tortugas lo que ves sino tiburones. Una mañana nos levantamos temprano para ‘bucearla con tubo’ y nos sorprendió encontrarla desierta teniendo en cuenta que es famosa por la oportunidad que te ofrece de hacer ‘snorkeling’ con ‘tiburones amigables’. Todavía no nos habíamos metido en el agua cuando divisamos la primera pareja de tiburones… ¡a un paso de la orilla!
La especie de tiburón que vimos fue la conocida como “black tip” (punta negra), llamada así por tener la punta de la aleta dorsal (la famosa aleta que asoma sobre la superficie en las pelis de tiburones) de color negro. Cuando son pequeños, nadan en aguas muy poco profundas. Como he dicho antes, en la misma orilla. De hecho, fue en los primeros metros donde vimos decenas de estos tiburones y en cuanto nos alejamos, dejamos de verlos. Sin embargo, había mucha más vida aparte de tiburones, como por ejemplo “blue spoted rays” (rayas con puntos o lunares azules). Acabábamos de encontrar una de éstas, cuando algo más grande nadó justo delante de nosotros: un tiburón de punta negra adulto, de un metro y medio aproximadamente, que nos dejó con la boca abierta (esto es un decir, abrir la boca bajo el agua no es nada recomendable). Todavía estábamos asimilando nuestra visión cuando otro de similar tamaño pasó nadando a poca distancia del primero. Aunque se trataba de “tiburones amigables”, verse delante de uno de éstos como mínimo infunde respeto.
Después fue el turno del buceo. Una vez recorridos y comparados los múltiples centros de buceo que hay en la isla, nos quedamos con “Turtle Divers” (muy recomendable). El primer día nos llevaron a un barco naufragado, mi primer naufragio buceando (bueno, y en general): “Sugar Wreck” (Naufragio Azúcar), llamado así porque se hundió cuando llevaba un cargamento de azúcar.
Los barcos naufragados se convierten en arrecifes artificiales que acaban albergando una gran y variada cantidad de vida marina lo que, unido a la historia del propio naufragio, los hace bastante interesantes.
En cada inmersión aprendo más, no solo sobre la técnica del buceo sino también sobre biología marina. Algo también muy interesante es el de descubrir el comportamiento de algunos animales, como el de unas gambitas que visitamos en nuestra última inmersión para que nos hicieran ¡la manicura y encima gratis! Estas gambas en miniatura, semitransparentes, “se dedican” a limpiar a todo el que se acerque a su “estación de limpieza”, ya sea pez o buceador, de pequeños microorganismos de los que se alimentan.
La siguiente parada en Malasia, y para cambiar un poco, nos llevó a la jungla, en el impresionante Parque Natural Taman Negara. Fueron tres días agotadores de “trekking” (otra vez necesito una palabra en castellano, por favor) a través de la jungla, luchando contra la humedad y nuestras viejas amigas del parque nacional Kao Sok: las sanguijuelas.
El tercer y cuarto día me embarqué con Andy en el que probablemente haya sido el reto físico más duro de mi vida. En el parque existen varias casetas construidas en alto y en plena jungla con el propósito de observar vida salvaje en su propio entorno, cuyo nombre en inglés es “hide” (escondrijo). Decidimos probar suerte con una de ellas, la que ofrecía más posibilidades de ver grandes mamíferos como tigres, elefantes y otros. Ésta era también la más alejada: algo más de 11 kilómetros andando a través de la jungla, sorteando árboles caídos por las frecuentes tormentas, cruzando riachuelos y hasta un río en toda regla.
Superados todos estos obstáculos y casi siete horas después de nuestra salida, llegamos al escondrijo agotados, con la energía justa para tumbarnos en una de las camas de madera, único mobiliario de estas casetas.
Por el camino yo había perdido la linterna, imprescindible para ver algún animal por la noche en caso de que se aventurase por los alrededores. Andy y yo esperábamos que alguien más con linterna apareciese por el “hide” pero, a pesar de que nos habíamos cruzado con dos personas, nadie más asomó la cabeza por el lugar. Así pues, solo nos quedaba hacer guardia por si “algo salvaje” aparecía antes de oscurecer. Cuando se hizo de noche, los ruidos de la jungla se intensificaron y todo lo que pudimos ver fueron sombras cada vez más oscuras, así que nos fuimos a dormir con la sinfonía de animales de fondo, para afrontar el camino de vuelta al día siguiente. Éste fue si cabe más duro, pues elegimos la ruta alternativa que era algo más corta pero más escarpada, añadiendo a los obstáculos anteriores la escalada de inclinadas paredes de roca algunas de las cuales hubiera encontrado imposible de superar si no hubiera sido por las cuerdas que alguien había instalado a propósito.
Luego estaban las sanguijuelas. Estos son los únicos animales de la jungla que salen a recibirte al paso y los únicos que tú no quieres ver. Si en la ida nos habían perseguido, en la vuelta parecían más ávidas de nuestra sangre que nunca, quizás revitalizadas por la tormenta durante la noche. En Taman Negara encontrabas frecuentemente carteles con la siguiente inscripción: “Take nothing but photographs, leave nothing but footprints”, que traducido dice: “No te lleves nada excepto fotografías, no dejes nada excepto huellas”. Yo me ví tentada de añadir a la última frase “y sangre”. Las fotos de los sufridos pies de Andy hablan por sí mismas.
Siete horas después, llegábamos al pueblo donde nos alojábamos. Un momento glorioso para mí.
Para despedirnos de Malasia, nos fuimos a otra isla, la famosa Tioman. Esta isla fue votada en una revista como una de las “top 10″ en los años 70. He de decir que en mi opinión no merece este título y en cierto modo fue una decepción.
Es cierto que gran parte de la isla es jungla y posee una variedad de flora y fauna que la embellecen. También es bonita bajo el agua, donde hemos tenido una de las mejores inmersiones de buceo, a excepción de su “parque marino” en la que solo podías encontrar decenas de “snorkellers” y no muchos peces o corales. Sin embargo, en lo que a sus playas se refiere, había zonas donde la franja de arena era tan estrecha que desaparecía con la marea alta, otras que parecían vertederos de basura y otras que simplemente no eran bonitas. Las múltiples obras que se están realizando en la isla actualmente, no ayudaban a mejorar su aspecto. Si bien es verdad que solo exploramos una zona de la isla debido a la inaccesibilidad de los demás lugares por tierra. La única manera de llegar a otras playas era por barco a un precio demasiado elevado.
Otra nota negra de la isla la encontramos bajo el agua. En una de las inmersiones de buceo, la que he mencionado antes como una de las mejores, nos encontramos la cabeza de un tiburón. Durante el resumen de la inmersión antes de saltar al agua, la guía nos había dicho que había en la zona un tiburón residente. Aparte de la cabeza, no vimos ninguno más. La explicación más probable es que lo habían pescado, le habían cortado la aleta y el resto lo habían tirado al mar. Esta es una práctica ilegal y por desgracia todavía muy habitual en Asia. El motivo es lo apreciadas que son las aletas de tiburón en la cocina de algunos países. El resultado es el rápido descenso en el número de tiburones y el consiguiente camino a la extinción.
Cuando hablo de tiburones, puede que os venga a la mente la imagen del temible “Gran Tiburón Blanco” de la película. Lo cierto es que hay una gran cantidad de especies de tiburón y la mayoría son inofensivos, lo que no quiere decir que se les pueda provocar. Los tiburones no atacan a los buceadores y normalmente se alejan en presencia de éstos.
Las Tioman fue el final de Malasia, donde dejamos la mayor parte del país por explorar y un deseo de volver.